El crecimiento no se consigue así

“Los dirigentes europeos pretenden fomentar el crecimiento para atenuar las consecuencias sociales de la austeridad. Pero un cronista sueco advierte de que es inútil destinar dinero a los países del sur de Europa, que no cuentan con las bases económicas adecuadas”. Artículo recogido en Presseurop, original de Dagens Nyheter.

Si nos creemos la imagen que esbozan los políticos, las nuevas ayudas asegurarán las condiciones propicias para las reformas esperadas y para el crecimiento económico en los países del sur de Europa. Pero esta visión del futuro llega a confundirse con los fracasos de ayer. ¿Hay alguien realmente que crea que la crisis europea de la deuda es cosa del pasado?

Hasta ahora, nos hemos limitado a pisar el freno y a tratar los síntomas de la crisis. Todo el mundo se aprieta el cinturón, voluntariamente o a la fuerza.

De nuevo, los dirigentes europeos hacen lo que se les da mejor: ganar tiempo. Pretenden aprovecharlo para fomentar el crecimiento económico, el único modo de salir de la crisis. Un crecimiento que únicamente se logrará si cada país pone de su parte. Los principales dirigentes europeos no dejan de repetir ese credo simpático y sin duda justo, como si se tratara de un leitmotiv.

Un flagrante dilema

¿Pero es realista? A veces tenemos la impresión de que la clase política sólo tiene una idea muy vaga de cómo funciona realmente la economía en varios países del este o del sur de Europa y que las consignas como “reformas” o “crecimiento” tan sólo se refieren a puras quimeras.

El dilema es especialmente flagrante en el este de Europa. Tras el hundimiento del régimen comunista, se acabó con la antigua economía. Las fábricas se cerraron o quebraron. Prácticamente de la noche a la mañana se sustituyeron todos los productos: desde el dentífrico a la margarina, pasando por los salvaslips, los frigoríficos, los sofás y los coches.

Para los consumidores de los países del Este, fue una auténtica bendición. Antes de que fueran conscientes de ello, pasaron de la penuria a la abundancia. El único problema era que en el Este no tenían dinero para comprar los productos de Occidente. Entonces, los nuevos bancos comerciales, que también eran originarios de Occidente, empezaron a proponer generosos créditos a los habitantes de estos países. El resultado son economías que, todavía hoy, producen por lo general poco y se basan únicamente en los precarios cimientos del endeudamiento.

Buena parte del sur de Europa se encuentra en una situación similar. Con una producción y exportaciones limitadas y un gran endeudamiento. En el sur de Europa, la introducción del euro paradójicamente tuvo efectos similares a los de la caída del Muro. Por primera vez, estos países tuvieron acceso a “auténticos” créditos financieros, mucho más baratos, como si el Peloponeso o Extremadura se encontraran en Renania o fueran vecinos de Baviera.

Una avalancha de créditos

Sin duda, una ocasión así sólo se presenta una vez en la vida. Durante cerca de diez años, una avalancha de créditos cayó sobre el sur de Europa. Con este dinero se podrían haber asentado las bases de un crecimiento económico autosuficiente, si se hubiera invertido en infraestructuras, en la refundición del Estado, en el saneamiento de sectores enteros de la industria o en educación. Pero en cambio, se despilfarró.

Ahora que las nuevas ayudas suceden a las anteriores, nos dicen que con ellas se podrán crear las condiciones necesarias para las reformas esperadas y para el crecimiento económico en los países del sur de Europa. Pero ya hemos desaprovechado esa oportunidad, ahora ya ha quedado atrás. De este modo, la visión de futuro que nos esbozan los dirigentes europeos llega a confundirse con las ocasiones que se han desaprovechado antes.

Las personas generan más problemas que soluciones. Olof Palme decía que la solución de un problema, y por tanto también la política, era una cuestión de voluntad. Para Karl Marx, la solución consistía en ser conscientes de lo que es indispensable. Perfecto. Ninguno de estos dos conceptos puede ser perjudicial. Pero sin duda Bismarck fue el más perspicaz al declarar que la política es “el arte de lo posible”, y que por lo tanto hay que buscar soluciones en lo que sea realmente posible hacer. Porque incluso un economista o un político mediocre es capaz de encontrar la fórmula milagrosa a los problemas económicos de Grecia, pero dicha fórmula tiene tan pocas posibilidades de ser aceptada como las que pueda tener alguien de que le sirvan un café turco en Atenas.

Queda por saber de qué vivirán en el futuro una serie de países europeos, en el contexto actual de globalización. Nadie parece tener la respuesta. Lo único que sabemos es que será necesario cambiar radicalmente de modo de vida y que China, más que Alemania, es responsable de esta situación.

Dagens Nyheter

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One Response to “El crecimiento no se consigue así”

  1. Según este artículo, resulta que la culpable de esta situación es China.

    Me da la sensación, cada vez en más ocasiones, de que la situación que vivimos la conoce todo el mundo menos el Gobierno y yo.

    Buen día.

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