Tocando hueso

Abierto el debate sobre el Estado de las Autonomías, cada vez son más las voces que se escuchan sobre una necesaria remodelación. Es un paso complicado, según expone en su artículo de Intereconomia, Aleix Vidal-Quadras.

Tal como demostró la etapa Zapatero, el pensamiento mágico, que consiste en fabricar una fantasía y autoconvencerse de que es real, suele acabar con el soñador. Ahora que por suerte tenemos un Gobierno con los pies en el suelo sería absurdo caer en la tentación de hacer el avestruz.

Nos lo dicen los fríos números, nos lo reitera la Comisión Europea, nos lo advierte el Banco Central Europeo, nos lo recuerda el Fondo Monetario Internacional, nos lo remacha el Ecofin y lo acaba de proclamar, con su habitual y desacomplejada franqueza, Esperanza Aguirre: el Estado de las Autonomías en su actual estructura es insostenible y nos lleva irremisiblemente a la intervención.

Por consiguiente, cada día que seguimos empeñados en que las dificultades derivan de una gestión inapropiada y no queremos admitir que la arquitectura del sistema debe ser reformada en serio, avanzamos un paso hacia el colapso. Posiblemente sea una verdad incómoda que choca con muchos intereses creados, pero es una evidencia insoslayable que hay que proceder a una redistribución de competencias, a un cambio profundo de la financiación y a una poda implacable de la frondosidad de objetos administrativos superfluos que pende del árbol autonómico.

El camino a recorrer puede pasar a medio plazo por una revisión sustancial del Título VIII de la Constitución mediante el procedimiento previsto en el artículo 167, previo acuerdo de los dos grandes partidos, y a corto, por la utilización masiva del artículo 151.3 sin miedo a blandir en caso de necesidad el 155, todo ello resultando en la aprobación de un conjunto apropiado de leyes orgánicas. Asimismo, nada impide el recurso a la vía fáctica y que el Gobierno central y las Comunidades de su mismo color político, trece de las diecisiete, pacten una amplia devolución de competencias al Estado, tal como lúcidamente ha apuntado la Presidenta de la Comunidad de Madrid.

Capítulo aparte, pero que solicita a su vez atención inmediata, es el local, que requiere una reducción drástica del número de municipios y de su correspondiente guirnalda de entes variopintos mayoritariamente prescindibles. Yendo a las grandes cifras, en un horizonte de una década el volumen total de asalariados públicos tendría que disminuir un 20%. Nos hemos pasado treinta y cuatro años cortando trozos de carne a la Nación para echarlos en las fauces insaciables de los nacionalistas y en las bocas golosas de las oligarquías regionales y locales de los dos principales partidos nacionales. Ahora ya estamos tocando hueso y el festín se va a acabar, por las buenas o por las malas. Si nos quedara un resto de sensatez, sería por las buenas.

Cuando uno se enfrenta a una amenaza grave, la técnica que implica fracaso seguro es esconder la cabeza en la arena.

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2 Responses to “Tocando hueso”

  1. Pues eso Sr.Rajoy:

    “Cuando uno se enfrenta a una amenaza grave, la técnica que implica fracaso seguro es esconder la cabeza en la arena”

  2. Pues si lo dice Aleix Vidal habrá que hacerle caso porque, en estos momentos, no se me ocurre nadie más adecuado para hablar de gastos superfluos.

    Además, siempre habrá que tener dinerillo para esos gastos esenciales en la vida de cualquier político como, por ejemplo:

    – Viajar en primera de Barcelona a Bruselas por miedo a que en un futuro nos de una trombosis y, desde luego, esos gastos deben ir siempre, siempre, siempre a cargo de los ciudadanos.

    No sé si poner el refrán aquel que dice:

    “Siempre habla quien tiene por qué callar”

    O aquel otro:

    “Siempre habrá un roto para un descosido”.

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