Juntos en armonía
Sin pretender, ni por un momento, intervenir en la histórica polémica entre católicos y masones, porque no es ése mi deseo ni propósito de este sencillo texto, me gustaría empezar el presente artículo con la siguiente pregunta: ¿Puede un católico pensar en convertirse en masón sin dejar por ello de ser católico, y menos aún, cristiano? En general, pervive entre los católicos una imprecisa y difusa noción de que no es lícito ingresar en la hermandad masónica, noción lo suficientemente débil como para no suponer una traba real para quienes incluso se plantean seriamente la posibilidad de afiliarse como miembros de la Orden. Como acompasado principio de respuesta podría servirnos, pero no parece un argumento con suficiente aplomo.
En este sentido, hay masones que vienen insistiendo en la perfecta compatibilidad entre ambas militancias y, sin embargo, hay otros que la niegan, aunque la Masonería por su raíz filosófica naturalista, racionalista, relativista e indiferentista admita en su seno a hombres de cualquier religión (siempre y cuando dichas religiones no sean más que distintos símbolos para la única religión natural que deduce la razón humana, y universal «aquella en la que todos los hombres están de acuerdo […] Esta religión consiste en ser hombres buenos y leales, es decir, hombres de honor y de probidad» de la que hablaran el doctor protestante y físico francés Jean Téophile Desaguliers y el insigne teólogo y famoso predicador anglicano James Anderson en las Constituciones de la antigua y venerable confraternidad de los masones libres y aceptados publicadas en 1723). Luego, ¿es posible la doble pertenencia masónica y católica? Los masones plantean una y otra vez la posibilidad de esa doble pertenencia; incluso, se difunden adscripciones en la Masonería de miembros de carismas y Prelaturas personales p. ej. el Opus Dei, o, incluso, la de cardenales como Mariano Rampolla del Tindaro, el que fuera Secretario de Estado del Papa León XIII. Más aún, se habla de la existencia de la «Logia Ecclesia» formada por clérigos que desempeñan diversas funciones en el Vaticano contemporáneo. Con todo y con eso, en el campo católico las cosas parecen estar más claras: El Magisterio de la Iglesia afirma expresamente la inconciliabilidad entre ambas Instituciones. No faltan, no obstante, algunos que, reclamándose católicos, abogan ―como sería mi caso― por la conciliación ecuménica legado del aggiornamento iniciado por el Papa Juan XXIII en el Concilio Vaticano II. Yendo más allá en la arquitectura de la respuesta, hay masones que aseguran que, la Masonería sí es del todo compatible con el Cristianismo, y éste con aquélla; lo que no estaría tan claro es que el Catolicismo sin «puesta al día» sea tan compatible con el Cristianismo que fundamentó Jesús el Gran Maestro.
Y, ¿qué dice el Magisterio de la Iglesia? Grosso modo, y desde que se inició la diatriba entre Iglesia Católica y Masonería en la Carta Apostólica In eminenti del Papa Clemente XII de 1738 (la primera condena Pontificia de la Masonería), alentada por el más célebre y solemne documento antimasónico, la Encíclica Humanum Genus de León XIII (1884), pasando por el célebre y polémico canon 2335 bajo el Pontificado de Benedicto XV (1917), hasta llegar al actual canon 1374 del Código de Derecho Canónico (de 25 de enero de 1983), o a la todavía vigente Declaración sobre la Masonería de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe del 26 de noviembre de 1983 (firmada por el en aquél entonces cardenal Prefecto Joseph Ratzinger ―actual Vicario de Cristo― y aprobada por el Sumo Pontífice Juan Pablo II, e inspirada en el documento contra la Masonería redactado por los obispos alemanes titulado Declaración de la Conferencia Episcopal Alemana acerca de la pertenencia de los católicos a la Masonería, promulgado en Wurzburg el 28 de abril de 1980), así como el artículo no firmado publicado el 23 de febrero de 1985 en L’Osservatore Romano titulado: Reflexiones a un año de la Declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Inconciliabilidad entre fe cristiana y masonería, bien poco tirando a nada ha cambiado en la esencia de la posición de la Iglesia de Roma frente a la Orden masónica, la cual sigue defendiendo la tesis de la inconciliabilidad entre la pertenencia a la Masonería y la profesión del credo religioso católico. De entre estos mojones delimitantes destacaría las Reflexiones de carácter ¿vinculante? expresadas en el artículo de autoría anónima…, que expresaría, sin embargo y, supuestamente, la posición oficial de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, que evidencian los viejos resabios vaticanistas preconciliares. En el documento, de hecho, se lee: «Para un cristiano católico, sin embargo, no es posible vivir su relación con Dios en una doble modalidad, escindiéndola en una forma huminataria-supraconfesional y en una forma interna-cristiana. No puede cultivar relaciones de dos clases con Dios, ni expresar su relación con el Creador a través de formas simbólicas de dos clases. […] Por otro lado un cristiano católico no puede al mismo tiempo participar en la plena comunión de la fraternidad cristiana y, por otra parte, mirar a su hermano cristiano, a partir de la perspectiva masónica, como a un ‘profano’.» Aquí se hace referencia a las dos primeras preguntas que se formulan en este artículo; al caso en el que un cristiano católico es a su vez miembro de una Logia masónica, y se expresa la idea según la cual si se acepta convertirse en masón continuando siendo cristiano católico, entonces se mantendría con Dios una relación de doble significado: en cuanto masón y en cuanto cristiano. Resumiendo: Aunque la Ley Canónica vigente no habla de ni condena explícitamente a la Masonería, sí lo haría indirecta y veladamente, dado que no se ha abrogado la prohibición contra la entrada de católicos en las logias masónicas.
Pero, ¿qué puede buscar espiritualmente un cristiano católico tras las columnas de una Logia masónica? Acaso, el cristiano, de algún modo insatisfecho con lo exotérico o hastiado de lo meramente litúrgico, empieza a buscar el agua que calme su sed espiritual en otros abrevaderos del espíritu. Entiendo que se facilita el fenómeno de adscripción de ciertos hijos de la Iglesia Católica a la Masonería, como réplica a la innegable pérdida que la Iglesia ¿de Cristo? hace de la mística, del esoterismo tradicional y de su acervo iniciático-simbólico, pasando a posiciones más exotéricas, intransigentemente rigoristas, dogmáticas y netamente litúrgico-sacramentales, con misas ―según mi parecer― cada vez más extremistas (desde la inercial folclórica-costumbrista hasta la estilo lefebvrista integrista) que pontificales.
Sin ir más lejos, en esa línea de aproximación, el propio Papa Juan XXIII habría ―por lo leído― elaborado, en 1963, durante la celebración del Concilio Vaticano II, la siguiente transgresora, tolerante y elocuente «oración de perdón a los masones» (publicada en el Journal de Genève en su edición del día 9 de agosto de 1966) de carácter ecuménico y reconciliador que también proponía un inequívoco acercamiento de la Iglesia Católica a la Masonería. Quizás, no sorprendería tanto el contenido de la misiva (que circula en la Red), si éste fuera real, y si también lo fuera ―tal y como atestiguó en su día el barón Yves Marsaudon (Ministro de Estado del Supremo Consejo de Francia; Rito Escocés Antiguo y Aceptado, y Gran Maestro de la Orden Soberana de Malta)― la supuesta afiliación masónica de su amigo y Q.:H.: Ángelo Giuseppe Roncalli en sus años pre-papales de Vicario de la Nunciatura Apostólica en Estambul y de nuncio del Vaticano en París. Marsaudon quedó persuadido, tal y como plasmó en su excelente obra de culto El Ecumenismo visto por un francmasón de tradición (1964), de «que sólo la Masonería puede resolver los inmensos problemas que se le plantean hoy al Hombre y, a pesar de las buenas voluntades innegables, ni las Iglesias organizadas, ni los partidos, ni tampoco cierta juventud tristemente anarquizante, pueden concluir en buena forma». Siguiendo esa línea de pensamiento, comenzó a surgir un pequeño movimiento de católicos que abogaba por la superación de las condenas y por la reconciliación de la Logia y la Iglesia. En Francia, el Padre Riquet, jesuita, el hermano masón Alec Mellor (Venerable de la Logia Espérance n.º 5 de la Gran Logia Nacional Francesa) o el cardenal entonces arzobispo de Marsella, monseñor Roger Etchegaray, (en su época de presidente de la Conferencia Episcopal Francesa); en Italia, el Padre Rosario Francesco Espósito, paulino (profesor de la Universidad Gregoriana de Roma, notable filomasón y hace pocos años admitido en la hermandad) y el Padre jesuita Giovanni Caprile; y en España, el también jesuita y reputado masonólogo José Antonio Ferrer Benimeli (profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza). Según esta corriente, las condenas pontificias serían válidas para la irregular masonería anticlerical «francesa» modo Gran Oriente, pero no se aplicarían a la masonería regular ―con tendencia más teísta que deísta― de tipo inglés desarrollada en las Grandes Logias en la órbita de la Gran Logia Unida de Inglaterra. Además, y si nos retrotraemos a la masonería católica original (la antigua u operativa de los masones medievales) e, incluso, a los albores de la masonería moderna o especulativa, podremos comprobar que compartían la creencia en la fe católica. Tampoco nos ha de pasar inadvertido que, en la Inglaterra antipapista y anticatólica de 1723 el año de las Constituciones, la Francmasonería, lejos de ser hostil era una de las pocas organizaciones que acogía a los católicos y la presencia del clero católico era numerosísima. Por tanto, la Masonería del siglo XVIII no era en modo alguno irreligiosa, y menos aún antirreligiosa.
En definitiva, la Masonería y la Iglesia Católica, en cuanto a que son dos colectividades humanas, también incurren en errores, pero dicho con puridad, en sus nombres se han cometido y cometen errores, como la condena y excomunión practicada por la Iglesia de Roma, que atendió y sigue atendiendo más a razones de poder temporal que espiritual, sin que dejen de ser censurables las hostiles e injustificables, pero sí explicables, reacciones anticlericales masónicas. Tengamos, por tanto, los católicos y tengan los masones la humildad de reconocerlo y la satisfacción de distinguir la bondad de sus esencias y enseñanzas, de la comisión de desvaríos, y la satisfacción a la vez, de ver que si hacemos todos cuentas, son más los que se nos/les imputan con animosidad y maledicencia, que los que se cometen, y desde luego, en un inventario y balance general, el activo de los aciertos de ambas dos supera con creces el pasivo de los errores o desaciertos. Siendo recomendable, a mi juicio, que las posiciones y relaciones entre dos instituciones tan importantes, como son en el mundo, la Iglesia Católica y la Masonería, formalicen un estatus jurídico-filosófico de respeto mutuo como corresponde a la Sociedad moderna en que habitamos, dado que, al menos en el plano ético, entre Masonería e Iglesia Católica puede haber conciliabilidad.
Sirva de sincrético mensaje final, a modo de síntesis ecléctica en clave de ecumenismo y reconciliación, lo que nos reza a masones y/o católicos el Salmo 133 «La unión fraterna», en su primer versículo Canción de las subidas: «Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos, juntos en armonía.»
Bibliografía de referencia recomendada:
Marsaudon, Yves (prefacio de: Riandey, Charles), L’Oecuménisme vu par un Franc-Maçón de tradition, Paris, Ed. Vitiano, 1964.
Mellor, Alec. Nuestros hermanos separados, los francmasones. Barcelona, Ed. AHR, 1968.
Lantoine, Albert. Lettera di un Massone al Papa. Roma, Il Vespro, 1977.
Ferrer Benimeli, José A. Masonería, Iglesia e Ilustración (I. Las bases de un conflicto; 1700-1739) Madrid, Fundación Universitaria Española, 1975.
Ferrer Benimeli, José A. Los archivos secretos vaticanos y la Masonería. Caracas, Universidad Católica Andrés Bellido / Madrid, Nuevas Estructuras, 1976.
Di Bernardo, Giuliano. Filosofía de la Masonería. La imagen masónica del hombre. Madrid, Iberediciones, 1991. (1ª edición en español).
Clavel, F.T.B. Historia de la Francmasonería. Madrid, Ediciones El Museo Universal, 1984.
Autor: Ramón Guillén para el Foro de Debates de la Fundación Civil.




28 mayo 2012







Autor del Artículo







Nunca entendi el odio a los masones de tanta gente y de parte de la iglesia catolica,como si la masoneria fuera antirreligiosa, cuando no es asi, sobre todo la anglosajona.
Si la masoneria admite a miembros de todas las creencias religiosas, y solo prohibe hablar de religion en su seno, entonces admite a cristianos, judios, musulmanes, etc.
Por tanto las animadversiones entre catolicos y masones se debe mas a luchas de poder que a diferencias en su forma de pensar.
Un saludo.
Cuidado con relativizar los principios. La Iglesia Católica, como religión Revelada y comenzada por el mismo Jesucristo, es Universal, por todos y para todos. No se esconde, no teme las reacciones de los demás, porque sabe quién está detrás. Gracias a la creencia en la Comunión de los Santos, el cristiano católico puede ofrecer y ofrece su sufrimiento, por ejemplo, por otro/s de forma anónima, para que también así otros lo ofrezcan por él mismo, del mismo modo en que Jesucristo vivió y murió por todos y cada uno de los hombres de la historia de la humanidad, incluidos los masones.
¿Qué si es compatible ser masón y ser cristiano y católico? pues supongo que dependerá de cada uno, como también depende de cada individuo el hecho de que pueda correr un maratón a la pata coja y con un pulmón menos.
El autor del artículo patina, con todos mis respetos, al poner en el mismo plano a la bimilenaria Iglesia Católica y a las múltiples logias masónicas(“…que las posiciones y relaciones…
Me uno a tu mensaje.
Creo que es cuestión de prejuicios y de credos; etiquetas que a veces consiguen aislarnos en vez facilitar la apertura de consciencias.
Si imaginásemos una isla desierta en la que desembarcaran como en un chiste, a un masón, un cristiano, un judío, un islamista, un hinduista, un budista y un ateo, veríamos que al final les unirían o distanciarían sus caracteres personales más que religiosos. Quizás, la única diferencia esencial estaría en lo que comieran o no, o en sus rituales cotidianos, pero en esencia, como bien apuntas, convivirían en armonía.
El problema no suele estar entre los individuos, sino cuando surgen los grupos y los individuos voluntariamente o no son absorbidos por estos. Nace entonces el “nosotros y ellos”.
Buen día.
Estimado Ramón,
Muchas gracias por todos tus artículos que desde hace meses escribes en relación con éstos temas, todo lo que explicas y expones desde tu sentir, y contando con los hechos…
Desde que te conozco, primero, a través de tus comentarios hace ya cuatro años largos….
yo y solo por tus propios escritos, puedo ver un cambio evolutivo en tí, frente algunos temas, con la iglesia católica, etc…
Yo tengo claro, o al menos és lo que más me importa, -al margen de lo que al respecto, sea capaz de conseguir al respecto-, que, lo realmente compatible para el desarrollo espiritual, es la consonancia y actitud de uno mismo, ante la vida y el prójimo. Algunos están muy seguros de la división existente en el reparto de conocimientos de los misterios a cerca de lo divino, por la senda del cristianismo…
Y a éstas divisiones les llaman -Exoterismo y Esoterismo-.
La verdad para mí, y por experiencia, es, que solo la pureza espiritual y su camino, -el amor fraternal-, es la…
Es la llave segura. El camino por el que -El Ser Superior- recibe a cualquiera de sus criaturas, con gusto, para hacerle partícipe de sus secretos…
Y para mantenerse en la pureza de corazón, la mejor friega es el amor fraternal a todo.
No hay importancia real entre un exoterismo ni esoterismo, para concluir de que algún os fueron más privilegiados que otros, y aún, algunos quieran mantener ésta diferencia, dependiendo de que logren acceder a una enseñanza esotérica o solo se queden en la -superficie-.
Creo que se trate más del capricho de algunos que siempre hubo y haya…
Que crean que en lo más oculto, les resulte más atractivo o -importante- ….
Y -otros- que por el contrario, siempre miran si los demás lo hacen -como ellos, sostienen y mandan- porque si no, -no vale-…
Ni lo uno ni lo otro, es lo decisivo.
Lo decisivo es, si se ama realmente al prójimo que és, todo lo que rodea al Hombre, y así mismo.
Y ésto incluso viviéndolo sin la conciencia de buscar a un Ser…
Viviéndolo sin la conciencia de querer buscar o encontrarse con alguien…
Quién así viva, de todas formas sin buscar, se encontrará con Él, para su gozo. Así de simple…
Disculpa si me concentro ahora, -solo- en éste aspecto concreto.
Lo hago, como conclusión por mi parte, de éste, y de todos tus artículos que se han ido editando aquí, pero, sin opción a comentarlos…
Saludos afectuosos.
Queridos todos y querido Juan: En efecto, en tu ejemplo de la isla desierta, se podría ejemplificar la idea que defiende la masonería, según la cual, Dios se habría revelado de muchas maneras a los diferentes pueblos. De ese modo, si un cristiano, un hinduista, un musulmán o un judío se trobaran en tu isla, juntos podrían rezar a Dios como si estuvieran en una tenida y el Taller fuera la propia isla. El cristiano estaría obligado a reconocer que, en última instancia, el Dios hinduista, musulmán o judío, es el mismo que el suyo propio, puesto que las oraciones del ritual masónico no se ofrecen en plural, como si fueran dirigidos a muchos dioses, sino en singular, dirigidas a un solo Dios, el G.A.D.U. Por tanto, para los masones de la isla ecuménica, G.A.D.U. puede simbolizar indistintamente y sin ninguna preferencia: Alá para el mahometano, Yahvé para el judío, el nirvana del budista y el Dios del cristiano-católico.
In Illo tempore, algo así como un frio enero de 2010, se producía este interesante dialogo:
“Esta claro que no no conoces nada de la masonería.
Pero la vinculacion de rosacruz con rotarios es un salto cualititativo de esos que dices tu a diario que debería librarnos dios”
¿Magíster, ¿Acaso alguien que no sea masón conoce algo de la masonería? Y reitero lo de “algo” más que lo que trasciende erradamente…”
¿Que deducimos del artículo?
Saludos cordiales
Ponce, yo por lo de pronto, que se lo ha currá como siempre y desde “hace casi ya un lustro”. Para mi gusto particular, prefiero el anterior publicado. Creo que era casi un “amago de tesis doctoral”. Y lo digo tan sólo por la poca extensión de su texto.
Y si tal, escribe 1000 veces, juntos y en armonía, ya sabe, las últimas palabras en negrilla del artículo y título del mismo.
Un abrazo, faltaría más.
P.D.- Otro para vd. Don Ramón (Siempre serás Socrates). Uno de esos irrepetibles.
Estimado Vporta,
Ramón (Socrates), en su artículo La jaula de oro por la tacita de plata, citando a Fernando de castro y Pajares, lo resume y dice:
“Su memoria testamentaria marca las bases del cristianismo racional y del catolicismo liberal, su base teológica es la moral cristiana basada en la razón, y no en el fanatismo ni en la superstición”
Bien , pues utilizando la razón, me permito plantearme, que si hace unos meses decía que nadie que no estuviera dentro de la masonería, podía opinar sobre ella, salvo que la opinión fuera errada, llego a la conclusión que ya habla con conocimiento de causa, es decir sin errar.
Saludos cordiales
No es mi intención cuestionar a Ramón Guillen, entre otras cosas porque su preparación y conocimientos intelectuales son muy superiores a los mios. Pero defender que la moral cristiana está basada en la razón, a mi particularmente no me entra en la cabeza, por cuanto siempre he creído que la base teológica del cristianismo es la Fe. Acaso sin ella, existiría el cristianismo?. Salvo que la razón, sustituya al Credo y recemos:
Creo en la razón, toda poderosa, creadora del cielo y la tierra…
No tengo base teológica, pero tampoco soy Velasquez y eso no me impide emocinarme al contemplar Las Meninas. En resumen los que no sabemos nada, no podemos prescindir de la Fe, en ese caso nos queda riamos huerfanos de Razon-es.
Larga armonía para ti Ramón
Vaya por delante mi reconocimiento a la valiosa labor de Ramón Guillén, gracias a su conocimiento y dedicación.
El hecho de que el cristiano sepa que el resto de religiones monoteistas rezan, en última instancia, al mismo Dios es una consecuencia de la Revelación. Pero la pregunta es si es compatible rezar y adorar a Dios (Cristianos) y al GADU (masones) al mismo tiempo. No estoy ducho en la masonería pero sí en el cristianismo, y el hecho de seguir a Cristo en el camino de la Salvación hace incompatible que rece a otro dios que no sea Dios. La clave: la Revelación.
Gracias por su reflexión R.Ponce, pues creo que la distinción que recalca entre fe y razón puede traer no poca luz a muchos espíritus atormentados. Unamuno escribió en cierta ocasión -y me identifico con ese sentir-: “Perdí mi fe pensado en los dogmas, en los misterios en cuanto dogmas; la recobro meditando en los misterios; en los dogmas en cuanto misterios” (Diario íntimo cuaderno 4) En ese sentido, la Filosofía de la Masonería me está sirviendo de candil en La Noche Oscura que describiera magistralmente el místico San Juan de la Cruz. En cualquier caso, fe y razón pueden conciliarse tan bien como Catolicismo y Masonería; siguiendo la fides quaerens intelelctum de Santo Tomás de Aquino. Es decir, la fe que busca entender. Y eso no significa que Santo Tomás fuera francmasón, ¿verdad?.
Gracias por su reflexión gabribenguria, aunque en la Masonería también existiría una revelación natural y primitiva. Además, la masonería regular inglesa tiene más de teísta que de deísta. Siendo el teísmo un sistema ortodoxo, que admite íntegramente la Teodicea cristiana. Si bien es cierto, el deísmo masónico parte de una concepción racionalista de la Divinidad que toma por base la razón humana y no la divina Revelación como Vd. bien indica.
Gracias Ramón Guillén,
Ojalá la Filosofía de la Masonería te ayude a salir de la noche oscura. Tampoco me importaría que Santo Tomás de Aquino hubiera sido francmasón, creo que no soy dogmático, e incluso con algunos dogmas, soy beligerante, por ejemplo en el de que ” Fuera de la Iglesia Católica, no hay salvación”, mi fe me dice que eso no es posible.
Por otra parte, he de reconocer que tus escritos, despertaron mi curiosidad, sobre lo que tu has confirmado.
Uno de mis mejores amigos, es masón, el tuvo a bien decirmelo, y eso no ha hecho que disminuya mi aprecio por él, al contrario, nuestra amistad se ha hecho mayor. Ya sabes,¿quien enciende un candil, para ponerlo debajo de un celemín?. Bienvenida la Luz. Somos muchos los que estamos en noche oscura.
Por el momento, mi mayor preocupación y noche oscura, es que se acabe esto de lo politicamente correcto.