Espejismo financiero: dar y prestar no son sinónimos

Según recoge el siguiente artículo de Hispanidad, “en esta macedonia mental en que se ha convertido la economía, servidor se conforma con distinguir entre el significado de los verbos dar y prestar. ¿Verdad que no es tan difícil? Pero lo parece”. A continuación el texto completo.

Esta historia tiene por escenario a Roma y todos ustedes la han podido seguir por Internet y por TV: los cuatro líderes de las cuatro economías más grandes, que no mejores, de la Eurozona, reunidos en la ciudad eterna para arreglar la maltrecha economía continental. Como colofón, Merkel, Hollande, Monti y Rajoy ofrecen una rueda de prensa conjunta.

Una periodista española formula la única pregunta inteligente, dirigida a Merkel y a Rajoy: ¿Por qué no presta dinero el BCE, directamente, a los bancos españoles? Era una forma discreta de exigirle a la canciller alemana que se deje de préstamos al 3,5% y que sea el BCE (al 1%) quien aporte la liquidez que necesitan Bankia, Novagalicia Banco, Catalunya Caixa y Banco de Valencia.

En primer lugar, responde el concernido, Mariano Rajoy… quien no responde nada pero acaba concluyendo que Roma es la ciudad más bella del mundo, una aportación económica de hondo calado.

A continuación se lanza Merkel, que es alemana, por lo que decide responder a la germana: de forma directa y bestial: “Yo no voy a dar dinero a los bancos españoles si  luego no tengo el poder para decirles a esos bancos lo que deben hacer con ese dinero”.  

Pero doña Ángela, ¿no quedamos en que el BCE de don Mario Draghi es independiente y omnipotente? ¿No quedamos en que Berlín no manda en el BCE, al que 17 países europeos le hemos cedido la soberanía monetaria? ¿Cómo habla usted en su nombre?

Pero eso no es lo más grave. Lo más grave es que la señora Merkel habla de “ayuda” y emplea el verbo “dar”. Insisto, este es el eje de todo lo que ocurre, la clave para entender la crisis, que es crisis moral, de especulación pura y dura: España no va a recibir nada de Europa para sanear su banca, va a ser prestataria, se supone que con un interés de entre el 3 y el 4%, de unos créditos que nos otorga el prestamista europeo. Es como si el banquero presumiera de dar un crédito –otorgar, es el precioso eufemismo que utilizan- a un particular para comprarse su casa. No le da, le presta. Es el titular de la hipoteca en que le hace un favor al banco, no al revés, cuando le devuelve el capital prestado y encima la da, le dona, le regala, un montón de dinero en intereses de ese capital. Es lo que podríamos llamar el espejismo financiero, donde el verdugo pasa por víctima y la víctima por verdugo.

Usted, doña Ángela, no nos da nada a los españoles: nos presta y gana un pico con ello. Cosa distinta es que si nos lo prestara el BCE –que es su cometido- nos saldría más barato que si nos lo ‘regala’ Europa.

Y lo mismo ocurre con la deuda soberana. Al 7% de interés de un bono a diez años, es España la que, extorsionada por los especuladores- le está proporcionando unas ganancias tremendas a…. los banqueros alemanes, que son los principales suscriptores de deuda europea. Dar y prestar: no es lo mismo. Es más, es lo contrario.

Y no me asombra que los alemanes presuman de haber ‘dado’ mucho dinero a Grecia, Irlanda, Portugal, Italia o España. Lo que me asombra es que la confusión se ha generalizado de tal forma que los propios españoles nos sentimos acomplejados, agradecidos y medrosos, como Rajoy, que no corrigió a Merkel acerca de este espejismo financiero, es decir, de esta monumental estafa conceptual y monetaria.

La historia concluye con los medios de comunicación –especialmente los progres, que son los más acomplejados- aplaudiendo que los cuatro presidentes estén dispuestos a dedicar 130.000 millones de euros a estimular la economía europea. Bien, pero no nos dicen ni quién va a poner el dinero –me temo que van a ser préstamos, no incremento del presupuesto comunitario común, que eso sí sería solidaridad- y no sabemos ni cómo se van a canalizar –me temo que a través de préstamos- ni a que se van a dedicar –me temo que a préstamos para infraestructuras públicas.

Dar y prestar. No son sinónimos: son antónimos. 

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