Llamémoslo dinero maná

¿Cómo pagará España el préstamo bancario?. “Empieza a ser patético el debate huero en si se llama rescate o pitufo. Lo importante es el hecho, sus características y sus raíces fundamentales”. Es parte el siguiente artículo que publica el diario Expansión. A continuación el texto completo.

La pertinaz batalla de nuestros próceres peleando por una etiqueta refleja dos defectos gigantescos de la politiquería hispana: el bajísimo nivel del debate, centrado en discursos basura partidistas, cuando el asunto trasciende las motivaciones de banderías, y la permanente búsqueda de carnaza frívola para distraer a la ciudadanía de lo esencial.

Parece interesante, al contrario, apartar la paja del grano e intentar entender sencillamente lo que sucede, para compartir todos, como Nación, el objetivo de sobrevivir con bien a esta emergencia histórica. Para ello, no diremos rescate, ni recordaremos que lo solicitado es, evidentemente, un préstamo encauzado a través de una línea de crédito….exactamente como lo que se ha cedido a Grecia, Irlanda y Portugal. Aquí se cede al FROB… que es un organismo del Estado. Para ir a lo fundamental lo llamaremos dinero maná. Diremos DM.

Veamos el concepto. Sucede que una parte demasiado grande del sistema financiero español (antiguas Cajas) está en quiebra, y eso acaece cuando el sistema socio-económico español está en situación de gran debilidad. De resultas, ningún agente privado (fondos, bancos extranjeros…) nos presta dinero. Y sin dinero, los bancos no pueden dar los créditos indispensables para sobrevivir, e incluso se ponen en peligro los ahorros depositados, por lo que el Estado tiene que intervenir, pero tampoco tiene ya dinero, ya que malgastó durante lustros… Como nadie corre el riesgo de prestarle (la bien ganada desconfianza), el Estado ha de pedir dinero en condiciones políticas a sus socios, sobre todo, del área monetaria común.

Es decir, el DM solicitado es un préstamo “político”, fuera de transacciones de mercado, para sobrevivir a corto y relanzarnos a medio. Esta es la primera parte de la dinámica. Corolario es la segunda. Los “socios” que nos van a ceder el DM no se han vuelto altruistas, ni nos ceden el DM por amor a la España cañí. Lo hacen por dos razones. La primera es asegurar el dinero de sus ahorradores y contribuyentes, ya que una quiebra total de España, supondría una quita y un empobrecimiento de sus gobernados. Con el DM pretenden que España vuelva a estar en disposición de devolver lo que le prestan y, sobre todo, lo mucho que ya ha pedido prestado. Y la segunda es que tienen mucho interés en que el DM sirva para crear, tras el bálsamo, una economía estable, sólida y racional. ¿Por qué? Pues porque estando en el área monetaria común existe el convencimiento generalizado de que un mayor colapso de una economía de la dimensión de la española se llevaría por delante el euro, el proyecto europeo y la prosperidad en libertad de muchísimos europeos.

Por ello quieren apuntalar primero, y regenerar después, España. La dinámica acaba con la evidencia de que ese DM, cuya concesión es política, inevitablemente acarrea condiciones y vigilancias de los prestamistas. Por puro sentido común. ¿Ud. le prestaría a un familiar drogata un dinero para rehabilitación sin vigilar lo que hace con él? Pues eso. Y, de nuevo, no aceptemos añagazas. Las condiciones y la vigilancia lo serán sobre toda la economía y las reformas españolas, por la sencilla razón de que el sistema financiero español sólo será viable en una España viable. Ni los bancos son aislables de la economía nacional, ni ésta de sus estructuras sociales.

Bien, llegados aquí surgen problemas. Destaquemos dos. Podría ser que las condiciones que nos impongan puedan basarse en un desconocimiento (por lejanía) de nuestras estructuras y que además, estén más orientadas hacia la satisfacción, cuanto antes, de la deuda pasada, que a una reestructuración venturosa de nuestra economía. De ahí la importancia de las negociaciones que mantiene el Gobierno sobre las condiciones del DM, para ponerlas al servicio de las necesidades más profundas de España. Pero ahí viene la terrible duda, y no sólo para nuestros prestamistas, sino para nosotros.

¿Tienen hecho el Gobierno y la oposición el diagnóstico correcto? ¿Son conscientes de la profundas revoluciones que necesita nuestra Nación, todas con consecuencias económicas (educación, justicia, recomposición territorial, recuperación de proyecto común, política energética, reforma fiscal…)? ¿Saben que la España actual no es estructuralmente viable, y apenas gobernable? Las declaraciones que oímos de unos y de otros a nivel nacional (las declaraciones regionales, de Feijoo a Griñán y de Mas a Barcina son aterradoras), y la prolongada inacción en lo esencial nos hacen temer que la clase política actual no se quiera enterar de lo que sucede. Y si el D.M. se toma como balón de oxígeno para pasar un mal trago y proponer parches, porque se piense que, en el fondo, España no necesita darse la vuelta como un calcetín, el rescate global del Reino de España que entonces acaecerá inevitablemente no sería, ni con mucho, la peor pesadilla de nuestra Nación.

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