“No rescating for Spain”

Artículo de David Jiménez en la edición digital del diario El Mundo, en el que pone de manifiesto cómo los últimos presidentes que ha tenido nuestro país, se han tropezado con el inglés. Y es que, según destaca, “exigimos inglés a cualquier licenciado pero a los presidentes”.

José María Aznar se encontraba en su apogeo de popularidad (y engreimiento) cuando en junio de 2000 viajó a Hong Kong. Se había dispuesto un traductor para su discurso en la cena de gala, pero el presidente decidió arrancarse con una broma en inglés que nadie entendió. Durante unos momentos, como suele pasar con los malos comediantes, lo único que se escuchó en la sala fue su propia carcajada. El inglés había vuelto a fallar a uno de nuestros dirigentes.

A José Luis Rodríguez Zapatero no le fue mejor. Apenas todavía el recuerdo de esas cumbres donde simulaba tomar notas en un apartado mientras los demás líderes se contaban confidencias en el idioma global. El ex presidente logró retrasar en 2010 el comienzo del Foro de Davos mientras le buscaban un intérprete. Una periodista británica le pidió en otra ocasión un comentario tras una reunión con Tony Blair. “Thank you”, respondió, como si acabaran de piropear su corbata.

Estos días es Mariano Rajoy el que viaja por el mundo, negociando rescates que no lo son y que una vez confirmados presenta como grandes éxitos de su diplomacia. Cabe preguntarse si no será todo un malentendido a causa del idioma, también. Si cuando en Bruselas le plantean la posibilidad de un bailout, el presidente no estará diciendo que sí porque cree que le ofrecen otra ronda de canapés. Y así termina uno asintiendo a un crédito de 100.000 millones, a pagar por el contribuyente en caso de que no lo haga “el sistema financiero más solvente del mundo”.

Exigimos inglés a la secretaria, al camarero del chiringuito de la Costa del Sol y a los recién licenciados en veterinaria, pero no a quienes tienen que defender nuestros intereses en foros internacionales. Me dirán que para algo están los intérpretes, pero es en las distancias cortas (y sin intermediarios) donde se forjan las relaciones personales que a menudo deciden un apoyo decisivo. El argumento puede perderse, como le ocurre a Bill Murray en el Tokio de ‘Lost in Translation’, en la traducción.

La falta de inglés sería excusable si no fuera síntoma de carencias más graves. Nuestros candidatos aspiran a la presidencia del país sin haber viajado ni conocido mundo, con una formación diplomática nula y escasos conocimientos en geopolítica o relaciones internacionales. Luego tratan de quitarse el complejo a toda prisa y lo empeoran, porque creen que para cimentar su legado en tierras foráneas basta con poner los pies encima de la mesa de George W. Bush o crear la Alianza de Civilizaciones.

Rajoy todavía está a tiempo de dejar su marca en política exterior e incluso de aprender inglés, lengua que según dice estudia en “los aviones”. Es probable que a estas horas ande por los pasillos del G-20 repitiendo su discurso de “No rescating for Spain”. Nos salva que los demás dirigentes tienen ya traducido al líder popular y saben que en realidad está diciendo que necesitamos otro bailout. Y con urgencia.

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