Secretos y mentiras en la carta del despechado Rato

Artículo de S. McCoy en Cotizalia tras la salida de Rodrigo Rato de Bankia. Al parecer y según recoge el texto, mira hacia otro lado a la hora de buscar responsabilidades de lo ocurrido. A continuación el artículo completo.

Rodrigo Rato ha decidido morir matando y lo ha hecho de la peor manera posible: dando carta de naturaleza a un informe de su equipo más cercano que es un completo despropósito, vanidad de vanidades y todo vanidad. Con amigos como estos… Como tesis central, toda la mierda acumulada en el balance de Caja Madrid es cosa del equipo directivo anterior, que asumió excesivo riesgo inmobiliario, mientras que las provisiones realizadas por el nuevo son fruto de un exceso de celo contable para mayor gloria futura de Goiri. Todo acompañado de los correspondientes subrayados no fuera a ser que sus balones fuera pasaran desapercibidos. Él limpio de polvo y paja, faltaría más. De vergüenza. 

Más le valdría mantenerse callado si no quiere terminar ahorcado por la soga de su indecencia. O a lo mejor hay que recordarle que esos a los que ahora responsabiliza de desmanes pretéritos son los mismos que mantuvo en sus cargos cuando aterrizó en la institución. Y que, por si había alguna duda, reforzó su ‘solidez’, no solo incorporando sino haciendo responsables del área comercial, a los lumbreras de Bancaja. O que es precisamente la heterodoxia en la aplicación de la contabilidad a su favor, lo que ha permitido a la entidad salvar por la campana cada uno de los resultados trimestrales a los que se ha enfrentado bajo su mandato. Si ahora se peca por exceso, él lo hizo por defecto. Y de qué manera.

Pero no es solo eso. Hace mal Rato poniéndose estupendo porque, de facto, es él y solo él el responsable de la quiebra técnica de BFA. Su obsesión por sacar a bolsa a un precio irrisorio Bankia -lo importante era, vaya, regatear dos puntos de solvencia, ¿quién jugaba a procrastinar, dilatar la solución a ver si escampa?- generó un desfase entre valor contable y de mercado en la matriz que no hizo sino crecer con el tiempo. El desequilibrio patrimonial era evidente. Su negativa a ajustar a la baja el importe en balance fue una de las causas de severo conflicto con el auditor que terminó propiciando su salida. 

¿El otro? La necesidad de provisional los 2.700 millones de euros de créditos fiscales activados en BFA. Un nuevo fruto de su genialidad que ha habido que corregir. Porque es precisamente la OPV la que provoca la ruptura del grupo fiscal entre BFA y Bankia e imposibilita su uso. Este hecho hace que las pérdidas de la primera no puedan ser compensadas con beneficios de la segunda. Además, la matriz no genera ingresos operativos por si sola por lo que aunque quisiera no podría. Y por si fuera poco, su único flujo recurrente significativo son los dividendos de la filial que llegan arriba que son, por su propia naturaleza, netos de impuestos. ¿Entonces, a qué estamos jugando? Confunde que algo queda

De nuevo, el uso partidista de los estados contables para tratar de minimizar la precaria situación del grupo, se vuelve contra sus ideólogos. Bien sabe Rodrigo que los nuevos créditos fiscales son sustancialmente distintos de las anteriores al estar en la cotizada y por tanto sí ser susceptibles de compensación cuando esta tenga resultados positivos, si es que llega el día dentro de los próximos 18 años en que se vean, que se verán. Solo una reversión del proceso de segregación iniciado en junio de 2011 podría cambiar esta situación. Porque… lo sabe, ¿no? Uno empieza ya a tener sus dudas cuando lee reivindicaciones despechadas de imposibles como si fueran la cosa más corriente y razonable del mundo. Pues va a ser que no.

Como los toreros en las faenas de Puerta Grande, el torero Rato se va gustando y concluye la lidia con una apelación al riesgo que, la nueva valoración del agujero de la firma que acaba de abandonar, tiene tanto para las finanzas públicas, hasta el 2% del PIB, como para los minoritarios. Olvida acaso de forma ‘inconsciente’ su voluntad de hacer la misma llamada al dinero de todos para sanear la sociedad o su pretensión de convertir en dos fases deuda subordinada en capital, esta vez sí, de Bankia. Hay que recordar que la entrada del Estado es en la matriz que no cotiza y son las cajas fundacionales las que se diluyen, no el particular. 

Solo al advertir del impacto para el resto de la banca del exceso de provisiones parece recobrar algo de legitimidad. La duda es si tal ejercicio de los nuevos gestores está o no justificado. Aunque a primera vista da la impresión de que Goirigolzarri ha querido situarse en un escenario extremo que minimice las sorpresas negativas, estrategia propia de quien sabe manejar al mercado y no ve la vida desde la atalaya de un sillón oficial, lo cierto es que han quedado aún grietas sin taponar por más que Rato se empeñe en afirmar lo contrario. Saldrán en breve a la luz. Al tiempo. 380 empresas inmobiliarias intragrupo dan para mucho. Salpicarán. Y, aunque no fuera así, si al final el error es por exceso, a medio plazo redundará en una más pronta devolución de lo recibido siempre que no se materialicen los peores augurios. De los males, el menor.

Si yo fuera el político popular en excelencia intentaría copiar a Blesa, otro que tal baila, y mantenerme en una posición lo más discreta posible. Tiene muy poco que ganar y mucho que perder y la recuperación de su nombre tras su secuencia reciente de ‘espantás’ voluntarias o forzadas se antoja más que complicada. Una retirada a tiempo es media victoria. Su crédito se ha agotado, al menos en la faceta financiera. Cuanto antes se lo comunique a su ‘ego’ mejor que mejor. Claro, que leyendo algunas informaciones de este fin de semana, no será capaz. Nos vamos a divertir.

Buena semana a todos.

 

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