Sembrando esperanza

Por una pura casualidad, y mientras buscaba unas referencias en la excelente página web de la Academia de Ciencias Morales y Políticas, me topé sin querer con un artículo titulado “La inflación como problema político”, escrito en 1975 por Mariano Navarro Rubio ( nº 52 de los Anales de la Academia citada ).

Comencé a leerlo, y me pareció, según lo leía, que estuviera escrito en nuestros días. Tal semejanza aprecié en lo que leí. De donde se ve que nuestra crisis no es realmente de ahora mismo, porque tiene raíces lejanas en el tiempo. Tanto, que el autor de ese artículo que hoy comento, escribió el mismo porque tenía la preocupación de creer que el mundo occidental podría encontrarse ante una situación muy parecida a la que produjo la caída del Imperio romano.

Empieza el articulista con un título que anima : “Sembrar esperanza.” Y en el preámbulo escrito bajo ese título, nos dice lo que resumo a continuación, y que me parece muy oportuno recordar hoy :

El mundo actual vive momentos de tremenda desilusión, que hay que sacudir con todos nuestros bríos, para no dejarnos dominar por la pesadumbre hasta perecer en un triste vacío político, lleno de suicidas dejaciones . Es ciertamente desolador observar el grado de escepticismo que existe – sobre todo en las esferas del Gobierno – . Pero precisamente porque la desilusión está tocando fondo, es por lo que cabe confiar en una decidida búsqueda de soluciones nuevas, esperanzadoras…

Tesis sobre la situación presente : el mundo se ha deslizado de prisa y con mucha confianza por la pendiente de un materialismo desenfrenado. Todo parecía marchar por el camino de un alucinante progreso y, de repente, nos encontramos ante una crisis en todos los órdenes de la vida. La confusión es tremenda ; pero tiene de positivo que hemos tomado conciencia del peligro, y por ello podemos salvarnos. Es una especie de esperanza por reacción. Hace falta sentir socialmente miedo al futuro inmediato, para detenerse a tiempo de evitar el descalabro y volver la mirada hacia otra perspectiva distinta.

La solución no será, desde luego, fácil. Si lo fuera, ya la habría encontrado cualquiera de los países adelantados de nuestro mundo occidental. Las razones por las que todos fracasan, son bien sabidas : hacen falta planteamientos políticos nuevos, que nos liberen de viejas ataduras, y tampoco parece que el tinglado politocrático, capitalista, sindical, etc, esté muy dispuesto a dejar que se impongan otras Organizaciones y otros modos de actuación distintos de los suyos.

 

Ahora bien, el hecho de que no sea fácil la solución, sólo indica que deberá lucharse más por alcanzarla. La lucha en circunstancias difíciles trueca la incredulidad en confianza, tan pronto como se consiguen los primeros éxitos. El pueblo está deseando vivir sin angustias. Y una pequeña serie de triunfos inesperados cambia la animosidad de las gentes y puede dar la vuelta a un país en poco tiempo. Sólo hace falta garantizar el capital político necesario para su arranque. En definitiva : dinero y autoridad. La autoridad sólo se consigue con ideas nobles, amplias, planas, claras, que envuelven por completo la conocida pequeñez y torpeza de la actual política de circunstancias. Existen estas ideas capaces de despertar ilusiones : son los principios. Los ya conocidos, los cristianos, los eternos.

Sabemos mucho de equivocaciones. Afortunadamente, porque esta es la mejor enseñanza de la crisis. Decía Demóstenes a los atenienses en momentos muy difíciles para su patria : Dichosos nosotros que hemos cometido errores. Si hubiéramos obrado bien, al contemplar la triste situación en que nos encontramos, no tendríamos nada que hacer más que rumiar nuestra propia desesperanza. En la rectificación de nuestra conducta está el anuncio de la victoria.

Domina en el momento presente una mentalidad pragmática, preocupada por buscar en todos los problemas , soluciones de emergencia. Esta visión de corto alcance cierra por completo el horizonte, y no hace más que meternos en callejones estrechos sin salida. No pasará mucho tiempo sin que todos se dén perfecta cuenta de que únicamente con unos buenos principios volveremos a adquirir sentido de la orientación y a alargar nuestra mirada con perspectivas de cierto alcance.

Hasta aquí, las palabras de aquel académico. Nos quejamos hoy del silencio de la sociedad civil , de nuestras Academias…A veces es porque no nos decidimos a escuchar lo que decía la sociedad civil, nuestras Academias, no hace tanto tiempo. Con esta intención de aportar esperanza, es con lo que he traído hoy la voz de nuestra Academia de Ciencias Morales y Políticas, aunque sea una voz pronunciada hace ya unos cuantos años. Eso no importa . Si lo que decía esa voz es aprovechable hoy , habrá merecido la pena escucharla nuevamente. Y no me importa de quién proceda esa voz, los cargos que ocupó ni su ideología. Lo decisivo es si puede aportarnos algo hoy. Yo creo que sí. Y por eso la he traído hoy aquí. Todos tenemos que arrimar el hombro, por encima de posibles diferencias ideológicas.

Es curioso que sean nuestros antepasados ya fallecidos los que ahora puedan aparecer en escena ayudándonos con sus palabras. Pero así es la transmisión cultural, desde que el mundo es mundo. Con ella son capaces las sociedades de sobrevivir a las mayores crisis.

Argentarius

 

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