Hemos sido intervenidos y nadie sabe como ha sido
Escribo esto bajo la impresión de los titulares de El País de este martes 10 de julio, que hablan de que España ha sido sometida a una intervención, aunque “suave.” Creo que el estupor de la mayoría de los españoles es mayúsculo. Todavía no nos explicamos cómo hemos podido llegar a esto.
Hay explicaciones próximas, y explicaciones más remotas. Empezaré por las primeras.
El detonante más próximo ha sido Bankia. Dice hoy la prensa que Acebes niega que la auditora Deloitte le advirtiera sobre la grave situación de Bankia. Para empezar, la gente sencilla se pregunta cómo es posible que Acebes pudiera desempeñar con un mínimo de profesionalidad el cometido que tenía asignado en Bankia, que era nada menos que la dirección de su Comisión de Auditoría. ¿Qué sabía/sabe Angel Acebes sobre auditoría bancaria? La respuesta está en la mente de todos. Con estos mimbres hemos construido este cesto, este castillo de naipes que se ha derrumbado delante de todos.
Hay una indudable responsabilidad colectiva por haber estado mirando hacia otro lado, mientras nos hinchábamos a ganar dinero gracias a la especulación jaleada por todo el mundo, mientras dejábamos en manos de políticos irresponsables la dirección de Organizaciones para la cual carecían de los más elementales conocimientos y experiencia. En el pecado llevamos la penitencia, como suele decirse.
Los españoles no salimos de nuestro asombro. Nos enteramos por la prensa que nada menos que un obispo auxiliar de Sevilla dirigía una Caja de ahorros andaluza. Ese obispo llevó a esa Caja al desastre, con una política de inversión crediticia enfocada hacia la inversión especulativa , centrada en el famoso ladrillo. Si no somos sinceros en reconocer , todo el mundo, empezando por los que más arriba han estado, todos nuestros fallos, nuestra recuperación será quimérica.
Ha habido una mentalidad que nos ha envuelto a todos, y que nos ha conducido al sitio en que estamos. No es una mera cuestión técnica, de los economistas. La razón es espiritual : no podemos servir a Dios y al dinero. Entendiendo por dinero, interpreto yo, el espíritu especulador que es propio del capitalismo. Porque el dinero sano ( opuesto al dinero falso, derivado de la especulación , que provoca inflación, y que es producido por la codicia, por el interés compuesto, y no por la contrapartida de una creación de riqueza real en forma de bienes y servicios tangibles ) es un mero instrumento, que es imprescindible para lograr una economía sana, desde luego. Pero que brilla hoy por su ausencia. Porque nos hemos dejado seducir colectivamente por el falso dinero, el que sólo crea una riqueza artificial, y que es producto de la especulación y de la ley matemática del interés compuesto.
Estoy entrando, y esto se ve enseguida, en las causas remotas de nuestra crisis. Que para mí radican en el espíritu propio del capitalismo. Creo que la verdadera solución a la crisis exige la superación de ese sistema económico. Pero sin que ello conlleve volver a soluciones también fracasadas – marxismo y fascismo – , sino más bien la creación de un sistema económico diferente, basado en unas premisas distintas, que se podrían sintetizar así :
Subordinación real del sistema bancario a las necesidades de la Economía real.
Modificación de la legislación mercantil, de manera que la dirección de las Empresas no esté monopolizada por los socios capitalistas, sino que se dé entrada en ellas a los trabajadores ( esto ya ocurre parcialmente en Alemania). Y que se imponga la regla de oro de que la función de toda Empresa no es la de enriquecer a sus socios capitalistas, sino la de servir las necesidades de sus clientes.
Reestructuración de las diversas Deudas, eliminando la dinámica infernal de su crecimiento muy por encima de las posibilidades de la Economía real para hacerle frente, mediante la supresión del interés compuesto en los créditos bancarios.
Nuestra civilización occidental se basa en el judaísmo, el cristianismo y la herencia grecorromona. Se ha afirmado que el capitalismo, nacido dentro de ella, es o bien el fruto del protestantismo ( Max Weber), o del judaísmo ( Werner Sombart), o incluso del catolicismo, según otros. Lo que ocurre es que estamos contemplando el fracaso sin paliativos del capitalismo, y entonces parece lo más sensato intentar la superación de este sistema, por más que ello haya de producir un cambio importante en nuestra vieja civilización. Pero no nos queda otra opción. Renovarse o morir, como suele decirse. Esto parece una misión de gigantes, imposible incluso. Pero es que así son las grandes empresas históricas. Reservadas a los pueblos de espíritu valiente y emprendedor, no resignados a perecer víctimas de su inacción cobarde . Pueblos que se atreven a poner en práctica lo que nos mandó nuestro Creador : “ Trabajad y someted la Creación.” No nos mandó que fuéramos esclavos temorosos, que nos dejáramos dominar por sistemas absurdos que nos llevan al desastre y a la destrucción. Nos hizo seres libres y nos dotó de inteligencia creadora. Sólo tenemos que usarla.
Argentarius




10 julio 2012







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