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Un SCD, ¿desideologizado?

 Un error involuntario ha hecho que este articulo haya aparecido con la autoria de Mario Conde cuando su autor es Ramon Guillén, como expresamente figura al término del articulo. Disculpas

Tendríamos que remontarnos tan lejos y tan arriba como a la antropología y la filosofía platónica para examinar racionalmente la estructura de una formación política como Sociedad Civil y Democracia (SCD). Todo partido ha de tener cuerpo, alma y espíritu (soma, psyche y neuma).

El cuerpo debe ser tan grande y poderoso como se logre alcanzar. Es decir, mientras más afiliados, simpatizantes y base electoral, mejor. Felizmente tenemos en SCD un equipo coordinador que está logrando seducir a muchos ciudadanos en poco tiempo; no hay nada como ver la evolución en el aforo completado con respecto al disponible cara al Congreso Constituyente del 6 de octubre.

El alma del partido es un conjunto sutil y escurridizo de realidades, en el que figuran la estrategia, las tácticas, el estilo y la disposición en relación con las otras formaciones políticas. En este sentido, sólo un estado mental y políticamente desierto como el que ofrece la sociedad española, justifica a quienes, como han hecho y hemos propiciado, adoptar la decisión de levantar sobre las arenas movedizas e inseguras de la realidad sociológica del país, el pretencioso edificio de un partido político con vocación de democracia interna, innovación, coherencia y eficacia en sus medios y fines. A tal fin, los fundadores del SCD podrían haber elegido entre dos opciones: 1ª) La opción mimética, que consiste en el intento de apoderarse de alguna etiqueta (liberal, centro, nueva derecha). 2ª) La opción creadora, elegida por los pioneros del SCD, que sin ser más listos que nadie, sí son los que se han dado cuenta de la necesidad latente de la Sociedad Civil española por expresar parlamentaria y participativamente su sentir político, hasta ahora, silenciado por el régimen partitocrático vigente. Un fiel testigo de esa palmaria carencia de expresión de la ciudadanía, ha sido y es la propia Fundación Civil (FC), que lleva dos años de denodada lucha por la recuperación del protagonismo de la Sociedad Civil.

El espíritu del partido es lo que tiene que constituir un núcleo ideológico básico e inalienable. Eso sería, lo que el Presidente del SCD, Daniel A. Movilla Cid-Rumbao, denomina de manera acertada: «ADN político». Teóricamente no hay problemas sobre la base de los principios políticos o Manifiesto Programático. Yo le llamaría: Ideario. En la práctica, sí los hay y, me temo, los habrá, por dos razones: 1º) Porque el SCD necesita mostrar una personalidad diferenciada, que no se confunda con la de otras formaciones o fuerzas políticas que puedan también reivindicar el papel de la Sociedad Civil. 2ª) Porque el Manifiesto Programático incluye principios y postulados básicos (sentido humanista, perspectiva cristiana del hombre, recuperación de la persona, fomento de la empresa privada, la libertad individual, el individuo frente al Estado) que, queriéndolo o no, encapsulan al SCD en el Liberalismo, la Democracia Cristiana o el Anarcocapitalismo.

Luego, toda acción política en grupo requiere de una mínima cohesión ideológica (o, al menos, funcional como parece ser el caso del SCD) entre sus miembros. A mi juicio, esa filosofía política básica se habrá de formular nítidamente en un Ideario y en el programa político concreto del SCD o, más bien, programa de gobierno, si llega el día. En el Ideario se recogerían los principios ideológicos que inspiran los planteamientos e instrumentos políticos de recuperación del protagonismo de la Sociedad Civil. En el programa político se abordarían los problemas de política general, económica-financiera, social y administrativa que se habrían de implementar conseguido, previamente, el poder político otorgado por los españoles en las urnas. Por tanto, entiendo de vital importancia la afinada elaboración de dicho Ideario, por constituir el primer manifiesto del SCD destinado al gran público. Tratando éste, pues, simplemente de formular unos principios que sirvan de presentación pública de este partido y que suponga un mínimo común denominador entre todos sus miembros, futuros afiliados y simpatizantes.

En mi opinión, en calidad de simpatizante, es preciso un gran esfuerzo para consolidar el partido, afirmar su identidad y ofrecer una buena imagen ante la ciudadanía. Para eso, según mi entender, hay que poner gran insistencia sobre los aspectos ideológicos, que son, al fin y al cabo, los compañeros de viaje de la pretendida dotación de poder político parlamentario a la Sociedad Civil española, dado que, en la práctica, una ideología política consiste en decir sí a unos cuantos temas y no a otros, al margen, que los encare la clase política/ el Estado o la ciudadanía/ el individuo. Pese a que en un pasado artículo apelé a un SCD «independiente y desideologizado», es preciso hacer hincapié una vez más sobre la evidencia de que un partido político es ―guste o no― una organización que comprende a una comunidad de ciudadanos, aglutinados por un nexo de concomitancias ideológicas, y cuyos objetivos son la participación política y la conquista democrática del poder por vía electoral para poder poner en práctica los propios proyectos políticos.

Ahondando en el plano técnico-politológico, y siguiendo la brillante definición del sociólogo sueco Ulf Himmelstrand (1924-2011), una ideología es «un conjunto de series de afirmaciones relacionadas entre sí, que se refieren a determinadas categorías de relaciones sociales; que expresan valores deseables a realizar en las mismas (componente axiológico); que diagnostican determinadas deficiencias en las mismas que deberían ser subsanadas (componente analítico); que explican la etiología de dichas deficiencias (componente explicativo); que ofrecen remedios, es decir, líneas de acción política para eliminar o reducir los defectos y realizar mejor los valores deseables (componente programático); que apelan a la fe de las gentes en las anteriores afirmaciones (componente propagandístico); que, finalmente, describen el deseado resultado final, de un mundo social más perfecto, justo o feliz, de seguirse tales ideas (componente utópico o Kiliástico). Así entendidas, las ideologías políticas cumplen una función pragmática, en cuanto suscitan fines para la acción política, una función expresiva, al promover la legitimación de los dirigentes y suministrar motivaciones objetivas para la expresión de las lealtades.»

Finalmente, lanzo estas dos cuestiones al aire: ¿Es realmente posible una síntesis de las ideologías de la Sociedad Civil española concurrentes en el SCD?, ¿cuáles habrán de ser las líneas maestras de la acrisolada ideología o corpus doctrinal resultante? En definitiva, entiendo que el problema, si es que lo hay, de la síntesis de las tendencias ideológicas concurrentes dentro de la membresía del SCD y la definición de una dirección ideológica común trasciende de la anecdótica redacción de futuros programas electorales, en los que siempre habrá que contar con inevitables factores de oportunidad política. Por ello, este artículo no concluye esbozando un cuerpo de doctrina política, pero su autor ―sin pretender pontificar― lo recomienda para el éxito del proyecto del SCD, una vez superada la etapa fundacional y dados sus primeros pasos la plataforma cívica en el escenario político español y europeo.

Referencia bibliográfica:

Himmelstrand, Ulf. Depolitization and Political Involvement: A Theoretical and Empirical Approach, en F. Allardt y S. Rokkan (Eds.), Mass Politics, Studies in Political Sociology, New York, 1970.

Autor: Ramón Guillén para el Foro de Debates de la Fundación Civil.

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