¿Somos estúpidos? ¿Qué es la estupidez humana?

Desde hace ya algún tiempo vengo observando que los niveles de estupidez que prenden en muchas personas de este país tienen una tendencia a aumentar de manera tan exponencial como peligrosa. Ya se que alguno dirá que este comentario es prueba de soberbia, pero tal aserto solo serviría para ratificar el mío porque constar lo real nunca ha sido prueba de soberbia alguna. Pues bien, anoche cenaba con un viejo amigo, uno de los hombres auténticamente inteligentes que he conocido en mi vida, y que ha sabido permanecer en el anonimato en un país en el que -a ver si nos enteramos de una vez- sobresalir sobre la masa es de los deportes mas peligrosos que se pueda practicar. Si uno viviera en EEUU, o en Alemania, sin ir mas lejos, eso de sobresalir sobre la mediocridad es objeto de reconocimiento. En este cainita país nuestro, el que sobresale, en el sentir de la masa hispánica seguro que habrá hecho algo pecaminoso o delictivo para conseguir ese resultado y, además, desde el minuto uno de ese singular partido entre la inteligencia creativa y la mediocridad destructiva, el objetivo es derribarla del pedestal como sea y a costa de lo que sea. La sociedades que adoran a la diosa Mediocridad apuestan decidida y fervientemente por su decadencia.

No se de donde viene esta nuestra afición inveterada. Ignoro si la envidia y el bajo vientre forman parte de nuestra estructura de ADN. Pero que están ahí, presentes, que llevan siglos actuando y que su fortaleza no parece decaer sino, mas bien, tiene tendencia al incremento geométrico, es un hecho,  que en épocas de crisis se incrementa de modo tan exponencial como lamentable y peligroso. Debo confesar una cosa: a mi edad  creo que, vista la experiencia de mi vida, nada sencilla, por cierto, soy capaz de predecir ciertos comportamientos de determinada masa entendida como sujeto sociológico de actuaciones. Y para ello manejo dos herramientas: de un costado la irracionalidad. De otro el bajo vientre. La mezcla de ambos suele ser un instrumento predictivo de  primera calidad.

Analicemos ¿cómo llegan los gobernantes a estar donde están? Gracias al voto. Es decir, gracias a los administrados. ¿Cuáles son los instrumentos a través de los cuales malos gobernantes siguen gobernando? Mediante dos expedientes: el voto útil y el mal menor. ¿Tienen alguna consistencia lógica ambos o alguno de ellos? No, evidentemente no. Si lo que generan es un desastre de proporciones bíblicas, ¿cómo vamos a hablar de voto útil o de mal menor? Imposible, claro. ¿Nos quejamos de modo constante después de haber utilizado alguno de estos dos expedientes para que nos gobiernen quienes lo llevan haciendo muchas décadas con alternancia en el bipartidismo? Pues si, practicamos el deporte de queja lastimera en cafeterías, bares, domicilios, tertulias y otros etcéteras. Pero, claro, si ahora mismo se votara de nuevo tendría que formular la pregunta: ¿volverían a las andadas del voto útil (totalmente inútil) y del mal menor (enorme, mayor)? Pues estoy convencido de que en una proporción nada desdeñable así es. ¿Y volverían las quejas cotidianas? Creo que sin duda. ¿No es un síntoma de estupidez?  A mi me lo parece. Se pueden utilizar otros vocablos, pero ese no encaja mal en semejante comportamiento porque es estúpido provocarte el mal propio para vivir quejándote de lo que tú mismo han generado.

¿De donde nace la estupidez?. Me decía mi amigo que hay dos fuentes. La primera, la falta de inteligencia, la penuria neuronal. Es genéticamente incontrolable, al menos al día de hoy, aunque ya me dicen que con cierta células madre se han fabricado neuronas. Pues es un consuelo y una esperanza… La segunda deriva de lo que se llama bajo coeficiente de racionalidad. Eso quiere decir que una persona puede ser al tiempo inteligente y hacer estupideces notorias. Por ejemplo, yo mismo, dado que me considero inteligente -sobre todo cuando me comparo, como decía un viejo escritor- y al tiempo he sido autor de estupideces de bulto, como, por ejemplo, dedicarme a escribir un libro denunciando el funcionamiento del Sistema, que solo ha servido para que te metan en la cárcel en medio del aplauso incontenido y gozoso de quienes sin saberlo, eran víctimas de ese mismo Sistema. Hay otras estupideces de tono menor en lo político, pero nada desdeñables en lo existencial como, por ejemplo, no darme cuenta de que en épocas de dificultad aquellos a los que has ayudado se convierten en tus mas encarnizados enemigos. La mayor de todas las estupideces es desconocer la verdadera naturaleza del hombre, que no se si es un lobo para el otro hombre pero desde luego que pensar que se trata de corderos es un camino seguro al cadalso existencial

Me preguntan, ¿cómo es posible que con tanto abogado del estado en el gobierno se hagan tantas estupideces? La pregunta deriva de la idea mítica sobre ese cuerpo funcionarial, prestigioso, muy prestigioso tiempo atrás. Lo que sustentaba ese prestigio no era solo la competencia profesional sino un cuadro, un código de valores subyacentes que, a la vista de mi experiencia, en determinados ejemplos humanos que he tenido la desgracias de conocer ha desaparecido por completo. Pero, en fin, cosas que pasan en esta vida, en donde la decadencia sigue el postulado de la globalización: se aplica a todos los campos y sectores.

 Pero sigamos con la pregunta, ¿cómo es posible que hombres inteligentes cometan estupideces de bulto? La respuesta de los americanos es: bajo coeficiente de racionalidad. Ya, pero, entonces, si el coeficiente de racionalidad es bajo, ¿qué es lo que lo sustituye? La irracionalidad, dicen. Bueno eso es una perogrullada porque es decir lo mismo dos veces sin responder. ¿Entonces? Pues es la emoción. ¿No se hablaba de inteligencia emocional? Si, pero eso no deja de ser una estupidez en sí mismo, porque emoción e inteligencia no tienen nada que ver. ¿No es la intuición una muestra de la emoción? Absolutamente no.Nada que ver.

Entonces, ¿estoy diciendo que tener emociones es ser estúpido?  No. Ser estúpido es, por ejemplo, formular esa pregunta después de leer lo que he escrito. No tiene nada que ver. Somos seres emocionales y las emociones son no solo convenientes sino imprescindibles para el vivir humano. Lo demás seríamos seres liofilizados. Lo que no se debe hacer es dejar que la emoción sustituya a la racionalidad en el proceso de toma de decisiones. Esto es lo que llaman bajo coeficiente de racionalidad en la decisión, lo que conduce al resultado de la estupidez.

Bien, lo entiendo, pero me queda un problema por solventar. ¿Qué es la estupidez? ¿Cómo definimos lo estúpido?  Aquí está el nudo gordiano del problema. Por ejemplo, para algunos es estúpido ser banquero y no doblegar la cerviz ante el poder del Banco de España a costa de lo que sea y dejar que se hundan las empresas para poder especular con los ahorros de la comunidad. Para otros, sin embargo, esa conducta es indignidad. Para algunos es estúpido, por ejemplo, ser político del Sistema y no aprovecharte de los privilegios de la casta para acumular dinero, colocar a parientes y amigos y garantizarte un futuro a costa de la sociedad que mal administras. Para otros, sin embargo, esa conducta es indignidad, aunque se podría llamar de otro modo. Para unos soñar con un país mejor, con una sociedad libre, con una sociedad civil dueña de su destino, es una profunda estupidez. Para otros, soñar es imprescindible para no verse obligado a consumir exclusivamente la acidez de la miseria humana.

Caben mil millones de ejemplos y seguro que la barrera conceptual de la estupidez nos dividiría en bandos. Al final solo tengo una definición de estupidez: ignorar que en la vida no son importantes la leyes, las normas, los grandes deseos, sino que lo único que verdaderamente importa es centrarse en el autor de la Historia: el hombre, de modo que con individuos de segunda clase solo tendremos sociedades de segunda clase, y la clase solo depende de una cosa: inteligencia y arquitectura moral, nada que ver ni con la cuna ni la fortuna. Y la arquitectura moral nada que ver con palabras y frases biensonantes, sino única y exclusivamente con una conducta probada en la que ante la adversidad no se entregue en bandeja la cabeza de nuestra dignidad.

Analizad los momentos ácidos de la Historia de la Humanidad. Detrás siempre un hombre, un grupo de hombres, con inteligencia, experiencia y arquitectura moral. Estudiad las épocas de decadencia: detrás siemrpe unos hombres sin arquitectura moral y a veces sin inteligencia que dirigen una sociedad dominada por el miedo, el hastío, la irritación y, curiosamente, la mansedumbre ante el poder destructivo.

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