27 de diciembre 1993 ¿por qué no aceptaron la carta de JP MORGAN garantizando a Banesto?

 27 de diciembre de 1993

Cualquiera que haya mostrado el más mínimo interés por el mal llamado “caso BANESTO” habrá oído hablar de una comunicación que se produjo en tal fecha entre el Vicepresidente Internacional de JP MORGAN y el Gobernador del Banco de España, Luis Angel Rojo. En aquella comunicación, el primer banco del mundo expresaba, dice la leyenda, su apoyo personal y financiero a BANESTO con el objeto de lograr el confort de los accionistas y del sistema bancario español. Resulta que no fue tal leyenda. Hace muy pocos días, la omnipresente Paloma Aliende, mano derecha de quien presidía la entidad, colgó la misiva a través de Twitter.
Cualquiera que en ese momento la leyera sentiría en su interior la profunda indignación de comprender que todo lo que a continuación sucedió no respondía a razones económicas, sino a una intestina venganza. Imagino que cualquiera que analizara la referida carta se habrá cuestionado el nivel de podredumbre de las instituciones que, en connivencia, promovieron, tutelaron o permitieron, estos últimos con su silencio, que un banco sólido e independiente sufriera el desprestigio de una intervención, hundieran el valor como consecuencia, sustituyeran a sus legítimos gestores y, como colofón, encarcelaran a varios miembros de la dirección, con especial saña a su Presidente, con una condena terrible, cumplida y luego anulada de la friolera de 20 años.
Pero no debemos opinar teniendo los hechos a nuestro alcance. Analicemos la carta y traduzcámosla del inglés original a nuestro castellano para mejor comprensión. Vayamos por partes y así podemos opinar todos y quizás, en algún momento, podamos exigir responsabilidades a quienes causaron un destrozo de semejante e irreparable magnitud:
La carta la firmaba Roberto C. Mendoza, Vicepresidente Internacional de JP Morgan, con domicilio en el número 60 de Wall Street, en la ciudad de Nueva York (EE.UU.). El destinatario, como decíamos, era el Gobernador de la institución reguladora del sistema bancario, el Banco de España, Luis Angel Rojo, a la postre claro cómplice de la operación por lo que al día siguiente, a pesar del contenido de la carta, sucedió. La misiva está fechada el 27 de diciembre de 1993, un día antes de la intervención de Banesto, aquél terrible día de los inocentes de 1993. Y dice:
Querido Sr. Gobernador:

De acuerdo con las conversaciones que entiendo Vd. ha venido manteniendo con D. Mario Conde, Presidente del Banco Español de Crédito, le escribo para confirmar que:

1. JP Morgan ha ayudado a Banesto a desarrollar un plan que le permita ordenar ciertos aspectos contables y de activos cualificados; apoya completamente el espíritu y los detalles del referido plan; y, estima que (el plan) puede implementarse en su integridad y con éxito.

2. Sujeto a las condiciones del mercado, JP Morgan planea liderar y gestionar la suscripción de 400 millones de dólares en deuda subordinada y convertible a favor de BANESTO durante el segundo  trimestre de 1994, y entiende que, siguiendo el plan y costes relacionados anunciado por BANESTO, la operación resultaría exitosa;

3. JP Morgan entiende que, si fuera necesario, BANESTO podría vender la mitad de sus acciones (o aproximadamente el 25% de las acciones remanentes) que detenta en el Banco Totta y Azores durante el primer o segundo trimestre de 1994, y JP Morgan estaría encantada, sujeta a las condiciones de mercado, de liderar y gestionar la suscripción de la venta de tal paquete; y,

4. JP Morgan apoya a la actual dirección de BANESTO y cree que sus expectativas de futuro son rentables y sólidas.

JP Morgan ha ayudado a BANESTO a desarrollar una presentación del referido plan y esta presentación ha sido revisada por la más alta dirección de JP Morgan en nuestro rol de asesores de BANESTO. Agradecería la oportunidad de enviarle una copia de la presentación y estaría encantado de discutir con Vd. en persona por qué JP Morgan está convencido de que el plan elaborado es adecuado y realizado en el mayor interés de Banesto, sus accionistas y del sistema bancario español.

Muy atentamente.

Quiero creer que la carta se perdió y que jamás alcanzó a su destinatario. De haber llegado, el Gobernador hubiera inspirado profundamente para llamar a continuación al Presidente de BANESTO y darle la enhorabuena por tan impecable gestión. Si en ese momento BANESTO se hubiera encontrado con ciertas dificultades, es evidente que con las decisivas medidas de desinversión y ventajosa financiación tales desaparecían. No olvidemos que estamos hablado de 1993 y que 400 millones de dólares americanos de la época constituían una fuente inmensa de financiación. Ni que decir sobre lo extraordinario de tener colocada la mitad de su participación en Totta y Azores. Una operación por la que cualquiera soñaría en los días que corren.
Pero presumo mal. No fue esa la realidad. La carta fue debidamente recepcionada y la reacción del Sr. Gobernador fue probablemente sentarse y pensar: “ese Conde nos la ha vuelto a jugar”, para a continuación mover Roma con Santiago para que, fuera como fuese, la fechoría se perpetrase. Y sabemos que la recibió. Es más, el propio Mario Conde escribió al Presidente del Gobierno, Felipe González, para informarle de la existencia del compromiso y remitirle copia de la comunicación de JP Morgan. La respuesta la conocemos: “No es eso Mario. No es eso”. Parece que también le contó la intimidad de que debía visitar al dentista, como quitándole importancia al asunto.
¡Vaya que no lo era! El resto, para vergüenza e indignación colectiva, lo conocemos.
Ningún acto humano queda sin consecuencias y éste, que tuvo muchos padres y muchos padrinos, supuso una pérdida irreparable para todos aquellos que se mantuvieron firmes y no se avinieron al plan. Algunos de ellos dieron con sus huesos en la cárcel. El sistema se mostró implacable. Otros perdieron su patrimonio. El único que salió ganando de todo aquello lo ha reconocido públicamente: “el mejor negocio de mi vida” dijo al ser preguntado tras adquirir el banco. Sí, Emilio Botín, que, por aquel entonces, presidía el séptimo banco de España, hoy el primero.
Dudo que lo irreversible se pueda revertir, pero es fundamental que los hechos, tal y como sucedieron, sean conocidos por las generaciones que lo vivimos y aquellas otras más jóvenes.
El desconocimiento de los hechos provoca que la ausencia de justicia se instale y que la historia vuelva a repetirse. No nos lo podemos permitir.
Iñigo Gómez Bilbao
Bilbao, 24 de julio de 2013

 

 

 

 

 

 

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