¿Qué podemos hacer?

Esto es lo que nos preguntamos ante la dificilísima situación económica que tenemos. Unos se resignan, y creen que nada puede hacerse, que todo es cosa sólo del Gobierno, o de la Unión europea, o de los grandes empresarios…Otros siguen empeñados en viejas recetas marxistas, a pesar de que la Historia nos ha mostrado su fracaso. ¿Qué hacer entonces?

     Se dice que el problema está en las ideas. Que si hubiera una buena teoría o doctrina económica, eso nos haría salir de la crisis. Pero otros no son tan ingenuos, y nos advierten que debemos ser realistas, y admitir que nuestros gobernantes no nos imponen las recetas actuales porque se basen en unas u otras teorías económicas, sino que lo harían actuando meramente en función de intereses concretos. Y así, por ejemplo, uno ve que nuestro Ministro de Economía procede de Goldman Sachs, y puede entonces llegar a visualizar gráficamente ese argumento con facilidad.

Según esta última interpretación de lo que realmente estaría ocurriendo en la economía, la lucha está entablada entre intereses muy concretos, y no es una cuestión de ideas. Se enfrentan, por un lado los intereses de poderosos grupos económicos, financieros sobre todo,y por el otro ,los de la mayoría de la población, que sufre las consecuencias de unas políticas económicas que los gobernantes estarían adoptando en función de las sugerencias recibidas de los lobbies de los grupos financieros. ¿Alguien duda de que la insuficiente regulación financiera obedece a todo esto? En este caso, le aconsejaría que se leyera lo que dice Sheila Bair en su libro “Bull by the horns”, publicado hace un año.

Sheila Bair fue Directora del norteamericano Federal Deposit Insurance Corporation ( equivalente a nuestro Fondo de Garantía de Depósitos bancarios), de 2006 a 2011. Y vivió por ello la crisis financiera en primerísima persona. Lo que vivió lo cuenta en ese libro.

En el prólogo de ese libro, Bair dice literalmente lo siguiente : “Los políticos , que han estado y siguen estando influenciados muy fuertemente por intereses financieros, han parado los intentos de reformas financieras. Nuestro sistema financiero es aún frágil y vulnerable, y susceptible de tener el mismo comportamiento destructivo que nos condujo a la Gran ecesión. La gente tiene que entender que estamos en riesgo de ir a otra crisis financiera, a menos que la sociedad se muestre mucho más activa en contrarrestar la influencia de los lobbies de los Bancos(…). Necesitamos reclamar a nuestro Gobierno, y demandar que nuestros políticos actúen en beneficio del interés público, incluso si esto supone que los que juegan a las finanzas (y también financian campañas electorales), obtengan menos beneficios. Nuestro Gobierno está muy fuertemente endeudado a causa de las ayudas que se les ha prestado a los Bancos, como resultado de las pérdidas provocadas por la Gran Recesión. No nos podemos permitir que el sector financiero nos lleve nuevamente a otra ruina.”

“He sido toda mi vida una republicana que ha entregado toda su vida al servicio público. Creo que me he ganado una reputación por mi sentido común y mi independencia, haciendo lo que había que hacer en pro del interés público, e ignorando intereses de sectores específicos. Muchas de mis posiciones han recibido apoyo editorial, desde el Wall Street Journal, New York Times, Financial Times…Time me incluyó en 2008 en la lista de las 100 personas más influyentes. Necesitamos reclamar el control de nuestro futuro económico. Por eso he escrito este libro.”

Precisamente hace  muy pocos días, el Financial Times publicó un artículo de Sheila Bair acerca de la crisis financiera. En él se hace Bair la siguiente pregunta, con las consideraciones que siguen : “¿Estaremos actualmente descansando sobre el sólido fundamento de un crecimiento económico sostenible, o más bien estamos instalados nuevamente encima de burbujas de Activos inflados , burbujas no inmobiliarias ahora, sino de Activos financieros, tales como bonos y similares? Desgraciadamente, los Bancos están ahora muy poco más seguros a como lo estaban poco antes de iniciarse la crisis de 2008. La reforma del sistema financiero sigue aún pendiente. La propuesta de prohibir las actividades financieras especulativas, sigue aún en el aire…”

Tras esta aportación de esta destacada personalidad, prosigo con mis propias reflexiones. Conviene no olvidar que lo que los políticos nos dicen, y lo que comunican a los periodistas y éstos a todos nosotros, suele ser el resultado final de las recetas sugeridas por los lobbies de ciertos grupos financieros. Porque los políticos está claro que entienden poquísimo de Economía, y se limitan a aceptar lo que esos lobbies les indican. Entonces,¿qué podemos hacer? Pues actuar en una doble dirección. Por un lado,ser conscientes de que no deberíamos tragarnos sin más los “dogmas” económicos que desde arriba nos lanzan todos los días . Deberíamos hacer un esfuerzo por adquirir algo más de cultura económica, para ser capaces de entender cómo funciona de verdad la economía, para así poder estar dispuestos luego a la crítica de esos pretendidos dogmas económicos falsos ( falsos, porque no se ajustan a los hechos, a la realidad).

Y en segundo término, habría que enfrentarse a las fuerzas políticas y financieras que nos imponen tales dogmas falsos, entrando para ello en las luchas políticas : no dando el voto a quienes se limitan a decir amén a los lobbies de los Bancos, sino buscando dar el voto a otras formaciones políticas que planteen alternativas reales, distintas por supuesto a las que defienden viejísimas y fracasadas teorías colectivistas.

Aquí entra el consejo que nos da Sheila Bair : “Necesitamos reclamar el control de nuestro futuro económico.” En definitiva, este consejo supone entregar el testigo a la sociedad civil, que tiene que tomar en sus manos el curso de la Historia. Esto ya lo advirtieron hace tiempo dos insignes alemanes. Por un lado, Walter Rathenau, que fue Presidente de la AEG, quien decía que la Economía no es cosa de los individuos aislados, sino de la comunidad. Traduciéndolo a nuestra situación,yo lo expresaría diciendo que la Economía no es cosa de los lobbies que representan a las cúpulas de ciertos grupos financieros, sino que es cosa de la sociedad civil, incluyendo en esta última especialmente a los empresarios de la economía real.

El otro alemán insigne fue Robert Liefmann (1874-1941), economista que en su época fue el más prestigioso teórico de los “cárteles” dentro de su país, y que alcanzó fama mundial por sus recensiones críticas de los libros más relevantes de la literatura económica.

En su obra “Kartelle und Trusts”, publicada en 1905, Liefmann decía que el socialismo/marxismo se equivocaba al pretender que el problema económico se centraba en la contraposición de los intereses de los capitalistas dueños de las Empresas, con los de los trabajadores. Porque el marxismo fue incapaz de ver otras contraposiciones de intereses, y esto lo puso de manifiesto Liefmann en esa obra, al advertir que la verdadera contraposición de intereses es la que se da entre productores y consumidores, y que ésta contraposición de intereses es el gran problema económico a resolver.

¿Lo es realmente? El fracaso de las políticas centradas en el aumento del valor de la acción de la Empresa ( doctrina del share-holder value), puesto de manifiesto en esta crisis, nos muestra que Liefmann no andaba muy descaminado. Lo central es que las Empresas sirvan a las necesidades de los clientes, de los consumidores en definitiva, y no primordialmente los intereses de sus accionistas. En esta cuestión tiene mucho que decir la sociedad civil : los buenos empresarios, los que sepan atender de verdad las necesidades de sus clientes, serán quienes saquen la Economía a flote. Con el empuje y la ayuda de la “otra parte”, o sea de los clientes-consumidores. Porque vamos todos en el mismo barco. Seremos todos, desde abajo, los que con nuestra movilización podremos así decirles a los políticos qué es lo que hay que hacer, qué medidas legislativas y ejecutivas deben adoptar, no en interés de los grupos financieros, sino pensando en el interés general, ese que representan las Empresas de la economía real y de sus clientes. Que es el interés de todos, el de la sociedad civil.

En otras épocas pasadas, a esto se le llamó “nacionalización de la Banca”. Hoy no se trataría de que el Estado fuese el dueño del capital de los Bancos, ni de que su dirección estuviera en sus manos, sino de esta otra cosa : se trataría de obligar al sistema financiero a servir a la economía real, en beneficio de todos, de la Nación entera. De ahí la palabra “nacionalización.” Cada  Estado, y todos juntos a nivel internacional, tienen que tener la suficiente energía para imponer, vía legislativa sobre todo, que se cumpla todo esto. Es decir, que los Bancos se dediquen a su función esencial, que debe ser la de conceder créditos a las Empresas, destinados a las inversiones productivas de éstas, y no para finalidades especulativas.. Hay que obligar al sistema financiero a que deje de especular, a que cese de jugar como si fuera un casino. Esta es la nacionalización de la Banca que propugno. Que creo que es la que, en el fondo, también propone Sheila Bair.

La preocupación por “meter en cintura” al sistema finaciero, es generalizada. Buena prueba de ello son el citado libro de Sheila Bair, así como el ejemplo de una obra de teatro que lleva meses representándose en Berlín, en la que los actores son todos banqueros, y en la cual se analiza a fondo la crisis financiera.

Ser conscientes de cuál es exactamente el problema, de dónde reside el nudo gordiano de  esta crisis financiera, es el primer paso para resolverlo. Podemos y debemos adquirir la conciencia de este problema. Esto es lo que sí podemos hacer todos, sin excepción. Y será bueno que comencemos cuanto antes.

Argentarius

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