Seamos serios en este asunto de la sentencia de Estraburgo

Indignación. Claro que tiene que producir ese sentimiento el ver a una asesina como del Río en libertad. Pero a partir de ese instante deberíamos dedicarnos a reflexionar, a profundizar sobre las verdaderas razones de lo sucedido, indagar cómo es posible este resultado: en síntesis: preguntarse por qué. No solo de este caso, sino, en general, de todas las cosas. Pero esta actitud de discernimiento, reflexión, análisis y cuestionamiento de los por qué no es desgraciadamente la mas común entre los españoles, muchos de los cuales se dedican impenitentes a consumir patrones de pensamiento convertidos en mantras emanados desde las terminales del sistema. Y la subordinación intelectual, la renuncia a la reflexión, es el camino mas efectivo para convertirse en súbdito. Y en ese terreno de la miseria intelectual surgen apresuradas y oportunistas voces destinadas al aplauso fácil por medio de la demagogia mas recalcitrante. Así son las cosas. Así llevan tiempo ocurriendo. Y la apelación y aceptación de la demagogia es una de las características típicas de la enanez intelectual, de la falta de criterio, de la frivolidad de una sociedad en asuntos de envergadura

Lo ocurrido ha sucedido por un cambio de criterio del Tribunal Supremo que, en contra de todos los postulados del Derecho Penal desde que el mundo es mundo, intentó —y de hecho consiguió— aplicar con carácter retroactivo. EL TEDH no ha hecho sino aplicar este Derecho Penal incontrovertible. No busquemos culpables fuera. Los tenemos dentro de casa.  Y no intentemos atajos imposibles. Ayer mismo, y esta madrugada, conversaba por correo electrónico con el profesor Fernandez-Varas. No es discutible su posicionamiento ni como jurista ni como persona. Le duele como a todos el excarcelamiento. Escribió un artículo doliente en el que razonaba que como jurista era imposible, o extremadamente difícil, para ser mas preciso,  evitar el cumplimiento de la sentencia de Estrasburgo. Y lo comparto. Además he leído el auto de la Audiencia Nacional que pone en libertad a la asesina etarra. Y no soy sospechoso de alabanzas a ese tribunal, sino que mi actitud es implacable en denunciar su politización, su protección —por decirlo de modo cariñoso— en algunos casos sonoros de intereses poderosos subyacentes y hasta de su ignorancia jurídica en algunas decisiones. Pero en este caso concreto no puedo decir que carezcan de razonamiento ni que se construya su decisión sobre bases jurídicas falsas. Porque no es así. Y ver como algunos que ni son letrados, ni han estudiado Derecho, ni profundizan —quizás ni leen— las resoluciones judiciales, se ponen a pontificar sobre materias jurídicas complejas llevados del único deseo de aprovechar la indignación del clima emocional para recibir un aplauso fácil, me proporciona una buena medida para entender que pocas cosas de fondo está realmente cambiando en nuestro país.

No tengo duda de que en el cambio de criterio de la sentencia del Supremo de 2006 que estableció la doctrina Parot existió influencia política y mediática. Se trató, a mi modo de ver las cosas, de una sentencia ad hoc, es decir, dictada para una persona concreta en un momento concreto. Los crímenes de Parot eran horrendos, pero durante su condena se habían dictado resoluciones judiciales firmes reduciendo su condena en aplicación, precisamente y esto es clave, de la doctrina hasta ese instante vigente del Supremo. Será o no lógica la interpretación que el Supremo hace del modo de cómputo de los beneficios penitenciarios en 2006. Eso no se debate. Ni aquí ni en Estrasburgo.  Lo que no puede ser es que se aplique el cambio de criterio con carácter retroactivo. Porque eso sería renunciar a la esencia misma del Derecho Penal, por horrendos que sean los crímenes cometidos.

¿Que ha pasado? ¿Es posible que ese cambio, de criterio se encuadre en la estrategia negociadora de los distintos gobiernos con ETA? Pues es muy posible, incluso diría que probable. Estamos viviendo una consecuencia, otra mas, de la politización de la Justicia. Desgraciadamente lo dije en 2006, en mi libro Derecho Penitenciario Vivido, en donde me dediqué a analizar las consecuencia de esa doctrina Parot . Advertí que lo que estaba haciendo el Supremo aplicando retroactivamente ese cambio de criterio iba a acabar mal. Y ha acabado mal. Para todos. Menos, claro, para los etarras y demás depredadores de la vida y libertad. Y para el derecho Penal y la conquista de la irretroactividad de las decisiones perjudiciales.

No lo hicieron bien. Habría que legislar de modo claro, rotundo, directo. Abordar el tratamiento del terrorismo en el Código Penal con mas decisión. Haber impedido en su día, antes del 2006, ese criterio. Si queríamos establecer un limite superior, decirlo. Si queríamos evitar ese computo de las redenciones, decirlo con la Ley. Incluso si queríamos arriesgarnos a la cadena perpetua revisable, o como se diga, pues asumirlo y llevarlo al Parlamento. Pero no: queremos quedar bien con todos a la vez.  Seguramente no se legisló como debía sobre el terrorismo por querer atender a ciertos requerimientos emanados ded sectores radicales del PNV.Y ese es el camino mas directo apara quedar mal con todos al mismos tiempo..En fin tomar el toro por los cuernos. No se ha hecho, ni en esto ni en muchas otras cosas. Se dejó fermentar un criterio ilegal creyendo que en el mundo todos son como nosotros. Pues no. Algunos entienden que respetar la Ley y el Derecho es algo que debe producirse con independencia de lo horrendo de los crímenes cometidos. Estrasburgo nos ha dicho que conforme a nuestras leyes hemos sido ilegales. Y tienen razón, pese a quien pese. No discuten la doctrina Parot, lo digo por enésima vez, sino su aplicación retroactiva. Y aquí en lugar de ver qué nos sucede, por qué estamos como estamos, nos dedicamos a buscar falsos culpables sin entender nada de nada, a sembrar demagogia, a excitar ánimos ya excitados, a opinar rotundos de lo que no tenemos ni la menor idea, a mirar para otro lado, a repetir como autómatas consignas confeccionadas para eludir responsabilidades, en fin, a ser como venimos siendo demasiado tiempo, y así nos va.

El Supremo no debió dejarse politizar en su día aplicando retroactivamente ese criterio. El Constitucional debió de ser mucho mas claro. Claudicaron. Hay que decirlo así: claudicaron. ¿Acaso es que los juristas del TEDH entienden algo tan elemental como la no retroactividad y nuestros tribunales no son capaces de comprenderlo?. No, no es eso. Es lo que es. Y eso tiene el nombre que le hemos dado. Deberíamos aprender de esta experiencia. Pero no lo haremos. Seguiremos buscando culpables fuera, practicando demagogia, renunciando a entender, siendo unos consumidores de mantras que emanan del Sistema y sus terminales. Y mientras tanto, tendremos que asistir al espectáculo dantesco de homenaje a los asesinos liberados. País…

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