Christian Ghymers en el Ateneo el día 12: un hombre que conoce bien el Euro y Europa.

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No recuerdo bien. Creo que fue a través de un correo dirigido a la Fundacion Civil o quizás en alguna otra dirección, pero la primera cita con Christian Ghymers tuvo algo de misterio, y, para mayor carga enigmática se celebró en un hotel del centro de Madrid, y precisamente el día de la huelga general, que, por cierto, se saldó con un fracaso. Entré  intrigado en el hall del hotel  que me indicaron, lo localicé y nos dirigimos juntos a desayunar en el comedor.
Desde el primer instante noté la prudencia en los gestos y modo de hablar del personaje a quien —como digo— no conocía. Christian Ghymers, economista, profesor de Lovaina, miembro caracterizado y distinguido del aparato intelectual de la UE, y uno de los padres del euro, se presentaba, a pesar de su enorme bagaje intelectual y profesional, con una modestia singular, la que profesan los hombres verdaderamente inteligentes que han llegado a comprender que el mundo en cuanto tal es lo suficientemente complejo como para intentar conseguir, quizás, comprenderlo, pero desde luego no  para solucionarlo en su integridad.

Hablamos, claro, de Europa, y en la siguiente cita, que si no recuerdo mal tuvo lugar en Avila, en presencia de Mirta, que en ese momento ―y creo que en este continúa― se encontraba confeccionando la tesis doctoral sobre la identidad europea, volvimos a nuestra conversación con el euro, la situación financiera, el Banco Central europeo, la moneda, Grecia… en fin, toda esa serie de perfectos y desperfectos que rodean el proyecto europeo, que europeo sí que es, sin duda, pero proyecto, lo que se dice proyecto, o es cosa de altos iniciados, o somos muchos los torpes o mas que proyecto lo que tenemos es un agregado de parches ejecutados por una clase burocrática-politico-mediática que se ha convertido en los nuevos señores jurisdiccionales de una vieja Europa asolada por demasiadas sitios a la vez.

Pero el verdadero encuentro, ese en el que los hombres se sinceran dentro de lo que cabe, y cabe mucho cuando la inteligencia prudente cede algunos peldaños a la emoción naciente, —copiando a la razón en su encuentro con el amor—  fue en Galicia. Allí abordamos en directo el euro. Y su tesis central fue que en estos momentos lo que nació como una buena idea se ha transformado en un gran problema. Ghymers cree que hoy la salida del euro no es siquiera viable por los costes, pero, al tiempo, el mantenimiento de esta situación actual puede dar al traste con la propia UE. El euro no es un activo financiero. Es mucho mas que eso. Para bien y para mal. De momento el mal lo tengo claro y el bien está fuera de las fronteras de España. Y el BCE resulta que es un banco solo en parte porque no actúa como prestamista de ultima instancia. Y Alemania.. En fin, no voy a desvelar el pensamiento de Christian Ghymers porque para eso tenemos la reunión del día 12.

Contar con un hombre de su experiencia es un lujo para la Fundacion Civil. Su aproximación al problema europeo no es exclusivamente teórica ―que también― sino empírica, experiencial. No solo sabe de lo qu habla sino que habla de lo que tiene experiencia. Procesa los hechos y los intelectualiza desde la realidad. Y no se aferra a dogmas, no consume aprioris, ni se deleita en intereses, ni tiene ataduras de ningún genero. Solo una: está realmente preocupado por la evolución de Europa y del mundo.

Eso es lo malo que tiene el saber, el conocer, el disponer de verdadera información: que te genera una enorme preocupación. Cuanto mas conoces al hombre mas te gusta tu perro, como dijo Byron, pero cuanto mas le conoces mas deberías ocuparte de proteger tu vida, tu hacienda y tu libertad de los depredadores modernos que envueltos en la palabrería democracia, regeneración, independencia de poderes y otros mantras al uso, se convierten en clase depredadora de la vida y la libertad de quienes a ellos osan enfrentarse, aunque solo sea en un puro y duro debate intelectual.

Por ello el debate del 12 en el Ateneo de Madrid no solo contará con personas que tenemos experiencia real, sino, además, con un ambiente preñado de libertad.  Y supongo con personas interesadas en saber, en conocer, en participar en un diálogo del que obtener información útil para ordenar sus vidas, sus conversaciones, su mundo, sus conductas. Y formulando preguntas a quienes no tienen miedo a responder.

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