El Estado y la lengua: la actitud de Laporta

_DSC2005Fue el último de los testigos en comparecer ante el Juzgado en el pleito presentado por la empresa MCM contra el FC Barcelona por incumplimiento de un contrato de explotación conjunta de la fachada de La Masía de dicha entidad deportiva, juicio que se ventila en estos días en Barcelona y que, en el próximo viernes, tras las conclusiones de las partes, se quedará, como se dice en el argot judicial, visto para sentencia.

El titular del Juzgado ante quien se ventila el proceso le instó a sentarse y le leyó las llamadas generales de la Ley. El testigo contestó en lengua catalana. El Juez le preguntó si quería hablar castellano o iba a manifestarse en catalán. El testigo insistió en que se encontraba en Cataluña y que tenía derecho a expresarse en su lengua materna, añadiendo que era la lengua de su país. El Juez le  preguntó si podía acceder a hablar en castellano alegando, no solo la condición de castellanohablante del letrado que debería interrogarle, sino, además que en otros procesos judiciales celebrados en la misma ciudad el testigo se manifestó dispuesto a utilizar la lengua castellana.

No hubo manera. Insistió en hablar catalán. Pidió, entonces, un intérprete. No se encontraba en el Juzgado. El Juez, a la vista de esta insistencia, decidió citarlo para el día siguiente, siempre que encontrara a dicho traductor, y en caso contrario para el jueves, a lo que el testigo replicó señalando que sería imposible su asistencia porque se encontraba de viaje. El Juez, cada instante mas contrariado por la actitud del testigo, dijo que le buscaría, lo que sonó como un acto de autoridad en la salda del juicio. El testigo volvió a la carga y adujo que le parecía una frivolidad que no se hubiera previsto un traductor dado que había sido llamado a declarar en tal condición de testigo, a sabiendas de que su lengua era la catalana.

El ambiente se crispaba. El testigo, sin embargo, no perdía la sonrisa. El silencio resonaba con fuerza en el pequeño local habilitado para el proceso. El calor interior, añadido al exterior, gestaron un clima de tensión palpable, evidenciable para cualquier observador. En la sala no cabían mas allá de 18 personas. Todas ellas observaban la escena con cierto estupor, atentas al desenlace.

Intervine y le dije al Juez que por mi costado, dado que el letrado que me acompañaba—Jorge Sanchez de la Rosa— era bilingüe y que mi confianza en él era absoluta, aceptaba que declarara en catalán porque el letrado me traduciría. El juez en un primer instante se resistió. Intervino el testigo, que ya imagina el lector que se trata de Laporta, el ex presidente del FCBarcelona y fundador de un partido independentista. No recuerdo bien lo que dijo pero en ese instante le pregunté si entendía el castellano, a lo que replicó, manteniendo idéntica sonrisa, que era una lengua por la que sentía mucho respeto, por lo que le dije que no era cuestión de respeto sino de entendimiento. Laporta adujo que yo era un hombre inteligente y que entendería el catalán si me hablaba despacio. Como yo pienso que inteligencia y comprensión de lenguas no son términos homogéneos, quise dale a entender mi criterio y por ello, y solo por ello, le dije que yo le consideraba inteligente, pero que no conocía el gallego. Obviamente Laporta conoce mi ascendencia galaica.

Finalmente el juez aceptó y comenzó el interrogatorio preguntando yo en castellano y respondiendo el testigo en catalán. Su permanente sonrisa irritó al Juez durante el proceso de preguntas y respuestas porque parecía mantener una actitud desafiante, amén de tomarse el proceso con cierta ironía, por decirlo de modo amable.  No debió hacerlo, máxime después de haber aceptado su lengua catalana en el proceso.  Por cierto, debo decir que contestó a las preguntas por derecho, con claridad, sin escudarse en un “no recuerdo” que fue, curiosamente, la principal de las respuestas que pude obtener cuando interrogué a Sandro Rosell, anterior presidente del FCB, que dimitió como consecuencia de su imputación en la Audiencia Nacional por presuntos delitos relacionados con la compra de un jugador estrella de dicho club deportivo de origen brasileño

Recapitulemos. ¿Tiene derecho Laporta a declarar en catalán? Si. ¿Tengo derecho yo a pedir un traductor? Si. ¿Es la primera vez que algo así sucede en los salones de la Justicia?. No. ¿Ejerció Laporta su derecho a expresarse en su lengua? Si.  Por tanto, sobre esto no hay duda. La cuestión es algo diferente. ¿Estaba Laporta simplemente ejerciendo un derecho o aprovechando una ocasión para conseguir un reflejo mediático positivo de cara a sus seguidores como posible futuro Presidente del FC Barcelona o potenciando una carrera política de corte independentista?. Pues es muy posible. De hecho es evidente que el efecto mediático lo ha conseguido. Del juicio no se dio noticia, o casi ninguna. Del incidente lingüístico-político no hubo medio que no se hiciera eco. Las redes sociales ardieron. El objetivo, en caso de que fuera tal, se habría conseguido. Por eso muchos de los seguidores de la red Twitter, por ejemplo, felicitaron a Laporta por su entereza y valentía. Pero es que, aún en el caso de que su finalidad al insistir en usar su lengua fuera ese efecto mediático, era un derecho subjetivo y la finalidad oculta no permitía enervarlo en el proceso.

Por tanto, no se cuestiona lo legal. Se puede criticar en el plano político social, si se quiere, la finalidad perseguida, la primera, segunda o tercera derivada del ejercicio de un derecho subjetivo. Pero eso es todo. La verdadera cuestión es: ¿tiene sentido una ley que permite estas situaciones?. No se debate, al menos no lo debato yo, sino que lo acepto de buen grado, que cada uno se exprese en su lengua materna. Me parece muy bien.  Pero existe algo que llamo el Estado. Y cuando del Estado se trata y en lugares en los que comparecen diversos ciudadanos de ese Estado con lenguas maternas diferentes, debería ser, por lógica, obligatorio el uso del idioma común a todos nosotros. Sobre todo cuando se trata de la función jurisdiccional, la Administración de Justicia. No es este nuestro marco legal, claro, pero sí el que me parecería lógico y se evitarían ciertos abusos y utilizaciones partidarias. Claro que alguien me puede decir que Laporta, como independentista que es, no admite la existencia del Estado español en Cataluña, y, precisamente por eso, en los actos del Estado español no habla castellano. Sin embargo, cuando, finalizado el juicio, salíó al exterior y comentó la incidencia con la prensa, el idioma utilizado fue el castellano.

Tengo respeto por aquellas personas que llevan sus convicciones a su conducta sin miedo a las consecuencias negativas que de ella se deriven. No son pocos los que piensan como Laporta y que no se atreven a esa conducta. Ni siquiera con fines colaterales de utilización mediática o política. Laporta como testigo declaró bien, por derecho, sincero, sin escudarse en silencios o fallos de memoria. Otros, como he dicho, que quizás piensen parecido y que tal vez así se manifiesten en privado,sin atreverse en el espacio público,  se escudaron en lapsus de memoria tan evidentes que clamaban al cielo, como decía mi abuela.

España está en un lío serio con su organización territorial. Y no sabemos salir de ese embrollo. En Cataluña, algunos parecen anclados en el 1714. En Castilla otros en el 1492. En Galicia algunos en el 1200. En fin, que podemos cada uno de nosotros dar marcha atrás en nuestro devenir histórico. Interesante, sin duda, porque amo la Historia, pero ¿podríamos dar un paso definitivo de una vez en una marcha hacia adelante?

Twitter Digg Delicious Stumbleupon Technorati Facebook Email

Comments are closed.