Llegó la hora de despedir a la Fundación Civil y abordar nuevos cauces

Captura de pantalla 2014-04-19 a la(s) 09.32.57Todo es impermanente, aseguran los budistas. Bueno, los budistas y cualquiera que se asome a la realidad del mundo manifiesto. Pero para comprender bien esta noción es preciso percatarse de que la impemanencia no es en sí un valor absoluto sino que lo impermanente se disuelve en la apariencia de lo permanente y vuelve a cerrar el ciclo. Es así como funciona la circulación entre la vida y la muerte. Ambas, vida y muerte, son en sí mismas impermanentes —en el plano de esta manifestación, se entiende— porque ambas son solo estremecimientos de la Eternidad. Quizás por ello, en la cámara de reflexión del mundo esotérico, al iniciando se le pone delante un reloj de arena. No para que cuente el tiempo que le resta hasta ser sometido a las pruebas de rigor, sino para que se percate de la comunicación entre los dos extremos. Lleno el superior, comienza, desde ese mismo instante, el descenso de la arena al inferior, que va llenándose con el material que desde arriba desciende. Es así como en el alba  de la vida comienza el alba a la muerte, y en el ocaso de la muerte comienza el alba de la vida…

 Bueno, pues nuestra Fundación Civil no podía sustraerse a esa regla. Nació con un cometido concreto e ilusionante en un momento dado de la vida de nuestro país. Se transformó en un centro de pensamiento de aquellas ideas que en su día sustentaron el nacimiento de Sociedad Civil y Democracia, ideas viejas en nuestras mentes, articuladas en aquel discurso del año 1993, “Sociedad Civil y Poder Político”, ideas que en su momento no es que sonaran románticas, sino que simple, sencilla y llanamente unos despreciaron, otros ignoraron y los más apenas si comprendieron. Recuerdo que cuando, allá por 1990, comencé a utilizar esa expresión a la que un sociólogo había dedicado varios textos, aunque con un alcance diferente, muchos de los supuestamente conocedores del mundo político me preguntaban qué quería decir con esas dos palabras….Pero hoy, gracias a la labor desarrollada en estos años, casi todo el mundo habla de la “sociedad civil”, aunque ni siquiera sean capaces de dotar de un  mínimo trazo a los perfiles que la definen. Pero eso no importa. En este país nuestro suele suceder que primero es el lenguaje y después —en su caso— la idea. Debería ser al contrario, pero son tantas las cosas que en esta España de comienzos del XXI se encuentran situadas con la cabeza en los pies….

 No me importa en absoluto que esas ideas nuestras, como digo viejas en el tiempo, ignoradas en su momento, sean hoy copiadas por algunos llamados emergentes. Lo que importa no es el sujeto que implemente sino la idea a ser implementada. Otra cosa es que aquellos que en vez de convicciones consumen literatura de oportunidad, sean capaces de transmitir esa credibilidad imprescindible para que la gente comprenda y asimile,  credibilidad que no deriva de vehicular las palabras, sino que funciona en lo que suele llamarse el lenguaje del corazón.

 En el patronato que celebramos hace unos días, concretamente el pasado miércoles 25 de Marzo,  como Presidente propuse, y los miembros aceptaron de forma unánime, que llegó la hora de dar por finalizado este proyecto. Ahora son otros cauces los que hay que desarrollar. Esperemos que la gente comprenda la importancia del movimiento cultural, de pensamiento, desarrollado de manera asociativa. No conseguiremos reformar la vida de nuestro país mientras no alcancemos a reconstruir la mente de nuestros individuos, eso que se llama los modos de pensar, porque solo reedificando de manera diversa esos modos de pensamiento conseguiremos adecuar los modos de comportamiento a lo que debería ser una convivencia verdaderamente humana en libertad y con la imprescindible dignidad.

Durante estos años, en las páginas de la Fundación Civil se han alojado dos mil entradas que constituyen un cuerpo de doctrina interesante y que no vamos a perder. Al contrario. Mi intención es recogerlos a modo de libro para ser conservado. Hoy en día la edición es algo fácil y no demasiado costoso, siempre que no se deseen florituras editoriales, por supuesto. Y esos artículos, esas entradas, tienen interés para quiénes hemos estado en ellas, para los que hemos participado en la Fundación y para los que desean conocer ese trozo de nuestra historia, que, humildemente decimos, es un trozo de la historia reciente de nuestro país. Posiblemente, como suele suceder con casi todo lo que no encaja en la dogmática del Sistema, dentro de unos años, con la perspectiva de la Historia, esa labor será mejor comprendida y mas ajustadamente valorada.  Así que sabremos esperar con los artículos en la mano.

 Solo me resta agradecer a los patronos que han acompañado, alimentado y nutrido este proyecto, a los miles de seguidores, a los colaboradores y a los lectores de nuestros artículos. A todos gracias sinceras.

 Albergo en mi interior el deseo de concentrarme en materias de orden cultural, histórico, global, mucho mas que en la política del día día o en los parámetros mas o menos cotidianos de nuestra economía. En estos campos escriben y debaten muchas personas. Mas que suficientes, creo yo.

En otros ámbitos del saber, que propiamente son los que mas me han atraído desde antaño, la dedicación  de personas adecuadas es menor y la capacidad de atraer público interesado, todavía muy escasa. Quizás recupere con esta idea aquel viejo blog que inicié hace años. Pero ahora es momento de despedir a la Fundacion Civil. Y en a lo largo de la semana que viene se extinguirá su página web que quedará en el libro virtual en el que viven estas realidades que un día fueron.

Gracias de nuevo.

 

 

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